lunes, 19 de septiembre de 2022

Última función 2

 

Viene, obvio, jeje, de Última función 1.

2003
Del comenzar

Él y el Nuevo volaban solos al fin, yo no podía soportarlo y cometí el peor pecado de un padre: hacerme amigo de sus amigos, jeje.
Afortunadamente tenía la terca nostalgia que me atrapaba viaje tras viaje desde nuestra nueva ciudad provinciana mirando por las ventanillas de los autobuses. Para entenderla deben ir a Desde la azotea y Dije 2004 y debió ser 2003.
Un día dije a aquéllos que no se preocuparan más. Lo hice enredándome con las palabras y su padre me odió con justa razón. Cuando llegaron ustedes, Ohsis, me hizo pasar las de Caín para permitir acercármeles, jeje. 
El interminable diario a la Inesperada irá aquí a cachos y en cuanto revela momentos que de otra forma habría guardado. Como este: 
El trabajo que encontré con los grandes amigos dejaba ingresos apenas suficientes para una pobre supervivencia y en compensación lo hacía en casa usando dos o tres horas. Eso era lo que permitía pasar ocho reglamentarias con las cositas, sin minuto nalga, excepto los domingos y agregando algunas noches completas. 
Llegaste a fines de diciembre, cuando ellos estaban en la playa y pude dedicarme enteramente a ti.
(...)
Ya advertí: tan a la deriva ambos, después y antes de que dejará de ver a los nietos, pues a su veleta iba y el regreso cada noche a casa era una muerte pequeña amenazando con la grande, sino que lo diga el irremediable "ataque de pánico" -menuda imbécil categoría- por el cual y a pretextos pedía al taxista tomar un insensato camino evitando la vía rápida, sin fugas ni respiros, desolación absoluta; tan a la deriva, entonces, tan frágiles... 
Desolación, lo llama mi Tera, alias Mal nombrada.
 

201X

"Sur, geografía profunda"

Prometo pasar la nota que para ustedes hice una madrugada frente al lago, dos mil kilómetros al sur. Así entenderán el título de esto, aunque lo intuyen, desde luego.
Apenas regresé las hermanitas me convocaron, no hubo tiempo para contarles y el día siguiente amanece con cuatro parejas y media durmiendo como pueden y quieren en la casita. 
Sombras, todos iluminamos... la sombra, claro, y cada una a su modo. Yo parezco estar allí y cada vez más ando en otra parte y ruego se marchen los demás para ocupar de nuevo mi soledad.
-0-
Este apunte no debería estar aquí, E y S, donde sólo cabe lo trasegado. ¿Simplemente me equivoqué o nos conduzco a un punto oculto también para mí?
Las primeras búsquedas, a los veinte años, fueron hacia el norte. ¿No había o no entendía el abismo?, pregunto al yo de entonces, que no puede contestar, así estemos cara a cara, en presente los dos. Presente perfecto hoy, aclaro, pues apenas contengo la necesidad de hablar con la Inesperada.
-0-
"Sur, geografía profunda", pues. Saco de la maleta los papelitos que encontré en el cuarto de hotel cuando esa madrugada una semana atrás no había más donde escribir. Huelen a trópico húmedo, mil seiscientos metros sobre el nivel mar, deducimos entre la niebla, pues los cafetales necesitan altura y de mañana hubo una visita a ellos:
El lago frente a mí tiene una calidad fantástica con su cordillera al fondo. ¿Existe o es nuestro hotel quien nada en la imaginación, sólido que se desvanece en el aire contra esa terca tierra bien enraizada en milenos de historia, como las montañas que un volcán corona?
Recuerdo Hombres de Maíz, esa monumental novela. Inicia así: 
"—El Gaspar Ilóm deja que a la tierra de llora le roben el sueño de los ojos.
—El Gaspar Ilóm deja que a la tierra de Ilóm le boten los párpados con hacha...
—El Gaspar Ilóm deja que a la tierra de Ilóm le chamusquen la ramazón de las pestañas con las quemas que ponen la luna color de hormiga vieja..."
El mismo autor, Miguel Ángel Asturias, tradujo el Chilam Balam, creo y no estoy seguro ahora. "...compraron palabras a precio caro", se lee allí, y "no está a la vista todo lo que hay dentro de esto, ni cuánto ha de ser explicado".
Primero lo escribieron oral, nemotécnicamente, como muchas sociedades antiguas, para narrar la lenta, trabajosa, brutal, tierna era que construyó al mundo, a todo él, según sus ojos. Las figuras fantásticas están por cualquier parte, alrededor o entre sí, y lo humano no tiene sentido sin animales y plantas, dicen esos ancestros de meseros, camaristas, hombres y mujeres paisaje desde mi ventana. 
Me baño, pues, en seres y cosas trasegados por milenios a quienes no osaré traducir cuando regresé a casa y desnudo haga el intento por dárselos a las hermanitas y hermanitos.  
-0-
No es obligación que venga a estos encuentros subcontinentales ni me decide la presencia de unos cuantos hombres y mujeres inteligentes o/y simpáticos entre incógnitas a quienes olvido interpretar por ceremoniosas.
Llama lo que así vuelto decorado habla en un silencio pertinaz y llevaré tal cual adonde pretendo contagie al entorno.
"—El Gaspar Ilóm deja que a la tierra de llora le roben el sueño de los ojos.
—El Gaspar Ilóm deja que a la tierra de Ilóm le boten los párpados con hacha...
—El Gaspar Ilóm deja que a la tierra de Ilóm le chamusquen la ramazón de las pestañas con las quemas que
ponen la luna color de hormiga vieja...
El Gaspar Ilóm movía la cabeza de
un lado a otro. Negar, moler la acusación del suelo que estaba dormido con su petate, su sombra y su mujer y
enterrado con sus muertos y su ombligo, sin poder deshacerse de una culebra de seiscientas mil vueltas de lodo, luna, bosques, aguaceros, montañas, pájaros y retumbos que sentía alrededor del cuerpo.
—La tierra cae soñando de las estrellas, pero despierta en las que fueron montañas, hoy cerros pelados de Ilóm,el guarda canta con lloro de barranco, vuela de cabeza el gavilán, anda el zompopo, gime la espumuy y duerme con su petate, su sombra y sumujer el que debía trozar los párpados a los que hachan los árboles, quemar las pestañas a los que chamuscan el monte y enfriar el cuerpo a los que atajan el agua de los ríos que corriendo duerme y no ve nada pero atajada en las pozas abre los ojos y lo ve todo con mirada honda."
-0-       
El Sur geografía profunda está por todas partes un mes después del viaje y basta con andar por nuestra ciudad. Lo encuentro en las charlas con Armando, Emilio, Fernando, o al buscar a Aldebundo entre rutas un poco enredosas, y sus miles de compañeras y compañeros, o en el campamento que se vuelve mi segundo hogar y representa a multitudes. Aparece también durante las nuevas pláticas sobre el joven sin rostro (Ni perdón ni olvido).
Me muevo allí sin dejar huella, S y E, pues no hago sino acurrucarme. Si algo aprendo no servirá para nada ni nadie, incapaz como soy de traducirlo y tengo a la edad en contra. Ocasionalmente lo que me pasaba desapercibido se descubría madurando dentro de mí. Ahora lo aprovecho por instinto. ¿Para qué? Imposible saber. 
Sigo en la azotea a mis ocho años. Sólo llegan reflejos. Entre el campamento, Lupita es una nueva Felícitas.
-0-
No puedo resistirlo

2022, septiembre.

Diario de un posible, digno, amoroso suicida  

Todo parece un juego esta noche cuando "Detienen (...) al general investigado por el caso de los estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos" y muertos -cinco, no se olvide. 

Falta quien era su superior y luego jefe del Estado Mayor presidencial, a quien el general Cienfuegos propuso a AMLO para sucederlo. 

Parece ser parte de un acuerdo mayor con el ejército, que incluye la reforma para que la Guardia Nacional dependa de las fuerzas armadas. Así Obrador cerraría con ellas el trato gracias al cual se convierten en la institución más poderosa del Estado.

Lorenzo Meyer había advertido: en México el aparato estatal es un desastre, quitando a los militares. Por ello, pensaba, nuestro presidente les encargó distribuir las vacunas contra el Covid-19 y la construcción del nuevo aeropuerto y las obras  estratégicas del Tren Maya.

Hay tendencias de la 4T que se diría reivindican la experiencia de Hugo Chávez como militar que encabezó la recuperación de Venezuela y dio forma al ALBA. El ejército al servicio del pueblo, sería su consigna.

Eso deduzco, nada más, con muy pocos elementos de juicio tomados al vuelo aquí y allá. Así hago normalmente,  sin un cuerpo de conocimientos más o menos sólido. Soy el flojo que desde joven se entregó al momento imitando sin saber a Monelle, la "pequeña prostituta" que recreó Schwob.

Como personaje merezco la pena, al modo de millones. En tanto autor o intérprete doy muchísimo que desear o a lo llano no sirvo. 

¿Setenta y cinco años para hacer conciencia al respecto? No. Siempre lo supe; o al menos desde cuando debía y Gustavo Díaz Ordaz fue electo candidato a la presidencia y por nuestras nacionales normas lo era ya en cierta medida.

Véanlo aquí cinco años después, tras demostrarle al movimiento estudiantil quién mandaba, "entre los oficiales del ejército durante el festival en honor a las fuerzas armadas", que así demostró su absoluta institucionalidad.

Yo quería hacer entonces una Comedia humana sin letras, ¿recuerdan?, y Ana soltaba su célebre frase:

-Caminamos porque tropiezas.

-No, Cosa -le respondí entonces y confirmo ahora. -Ando porque ando y doy tumbos obligadamente.

Hasta morirse por voluntad requiere humor. Démoselo, en cuanto este viejo pueda y no hoy, noche del mexicano Grito (perdonen, conciudadanos, que me produzca profunda hueva su celebración, jeje, equivocándome de medio a medio.) Ya que G... Ay, disculpen otra vez, no la he introducido, y además antes necesito traer muchas notas previas. Bueno, puedo hacerlo luego y mientras contextualizo el día, extraordinario en varios aspectos. Respecto a México lo ilustran dos programas periodísticos. Uno termina delirando y ese es su quid.  

              Véase de 1:57:58 en adelante
 El otro


¿Por qué me busca esa joven de diecisiete años, G, a quien no conozco y vive en otra ciudad y escribe en dos idiomas con entera corrección? Su cuenta es falsa, confiesa, y entiendo sus motivos. No sabe que hace tiempo considero la posibilidad de darme un digno, amoroso suicidio.

Por ello es droga que consumo ansiosamente y vuelve los días un apasionado viaje. Busca en este setentón a un confidente.

Continúa, entonces, la obra de Tú, quien a sus veintiún años me permitió atestiguar piel contra piel el salto que le permitiría volverse plena mujer si no moría dándolo. Venció esa otra "pequeña", hasta alcanzar lo que no había ni en su más osados propósitos. ¿Cómo no creerle a mí súbita, nueva cómplice?

"Duermo 13 horas de 24 y en todas sueño. Lo que mas hago es soñar", dijo. "...el siguiente fue uno en el que veía las estrellas. Y dormía ahí, en la azotea."

"¿En verdad lo hacías o soñabas?", pregunté.

"Lo soñaba. Pero lo sentía real."

Muy parecida a mí, entonces, traje a cuento mi obsesión de días anteriores, citando al celebérrimo dramaturgo al cual Víctor Hugo considera creador de la modernidad literaria:

"...el inocente sueño,
el sueño que teje sin cesar la maraña de las preocupaciones,
la muerte del ir viviendo cotidiano, baño de la fatiga,
bálsamo de las heridas de la mente, plato fuerte en la mesa de la Naturaleza,
principal alimento del festín de la vida."
Duermo y duermo, como ni incidental amiga, y en tanto buen viejo, cuando despierto me precipito. Ayer a lo cura Hidalgo pude sacar a un pueblo para tomar el país.
Ahora morir es un riesgo calculado.

Estuve siempre orgulloso del yo que desprecia los conocimientos adquiridos con rigor. ¿Me arrepiento hoy, cuando mal consigo entender a quienes, a la manera del aquél gran inglés, ayudarían en este trance? 

Leo "El oficio de vivir", de Cesare Pavese, obra que califican de "transcendental en la cultura contemporánea", y no lo comprendo, sin importar cuánto estimo la poesía del italiano muerto a los cuarenta y dos años por propia mano. Escribió algo que cito con frecuencia:

"Vendrá la muerte y tendrá tus ojos/  —esta muerte que nos acompaña/ de la mañana a la noche, insomne,/ sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo./ Tus ojos serán una palabra hueca, /un grito ahogado, un silencio. /Así los ves cada mañana/ cuando a solas te inclinas hacia el espejo./ Oh querida esperanza,/ ese día también sabremos
que eres la vida y la nada./ Para todos tiene la muerte una mirada.// Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Será como dejar un vicio,/ como mirar en el espejo/ asomarse un rostro muerto, /como escuchar un labio cerrado.// Nos hundiremos en el remolino, mudos."

-Ayúdame -pido a la joven.

-Soy una muchachita. Tú deberías guiarme, jaja.

¿Le confesaré mi apuesta? Saldría corriendo, jeje. Bueno, quizás me equivoco. Pero no lo haré, por si acaso. La necesito, vida que palpita como nunca antes y después.

-0-

"Fumar es un placer, genial, sensual", cantaba una artista española del franquismo que en la chaise longue daba diez chupadas al cigarro cada veinticuatro horas para esperar "al hombre que yo quiero". Era cualquier cosa excepto ingenua, pero del tema sabía pura chingada, jeje. 

Mis ceniceros, en cambio, murmuran secretos. Por ejemplo, que G comparte lugar con la última Eterna, rubísima, bajita, de alabastro, a quien preguntaría tontamente y no ¿De dónde saliste?, pues, fresca, la memoria reconstruye los escenarios en los cuales fui a encontrarla, y, cierto, no corresponde a mis arquetipos femeninos.

Pruebo con ella sensaciones inéditas, cuyo origen tardaría en precisar para ustedes, pues tengo que rastrearlo un océano lejos, por cuartos de posadas y hoteles familiares cincuenta y tantos años atrás.

No jugaría al amor contigo, muchacha, y con Eterna Septiembre 2022 empecé apenas vernos. Ya dijo Quevedo: seré cadáver pudriéndose y la pasión seguirá allí.

                 Véase de 1:57:58 en adelante
 El otro

 

¿Por qué me busca esa joven de diecisiete años, G, a quien no conozco y vive en otra ciudad y escribe en dos idiomas con entera corrección? Su cuenta es falsa, confiesa desde el primer momento, y entiendo y no sus motivos. No sabe que hace tiempo considero la posibilidad de darme un digno, amoroso suicidio.

Por ello es droga que consumo ansiosamente y vuelve los días un apasionado viaje. Busca en este setentón a un confidente.

Continúa, entonces, la obra de Tú, quien a sus veintiún años me permitió atestiguar piel contra piel el salto que le permitiría volverse plena mujer si no moría dándolo. Venció esa otra "pequeña", hasta alcanzar lo que no había ni en su más osado deseo. Cómo no creerle a mí inesperada nueva cómplice. 

"Duermo 13 horas de 24 y en todas sueño. Lo que mas hago es soñar", dijo. "...el siguiente fue uno en el que veía las estrellas. Y dormía ahí, en la azotea."

"¿En verdad lo hacías o soñabas?", pregunté.

"Lo soñaba. Pero lo sentía real."

Muy parecida a mí, entonces, traje a cuento mi obsesión de días anteriores, citando al celebérrimo dramaturgo al cual Víctor Hugo llama creador de la modernidad literaria:

"...el inocente sueño,
el sueño que teje sin cesar la maraña de las preocupaciones,
la muerte del ir viviendo cotidiano, baño de la fatiga,
bálsamo de las heridas de la mente, plato fuerte en la mesa de la Naturaleza,
principal alimento del festín de la vida."
Duermo y duermo, como ni incidental, diecisieteañera, genial amiga. Como buen viejo me vuelvo adolescente. Ayer a lo cura Hidalgo pude sacar a un pueblo para tomar el país.
Ahora morir en el instante es un riesgo calculado.

Estuve siempre orgulloso del yo que desprecia los conocimientos adquiridos con rigor. ¿Me arrepiento hoy, cuando mal consigo entender a quienes, a la manera del aquél gran inglés, ayudarían en este trance? 

Leo "El oficio de vivir", de Cesare Pavese, obra que califican de "transcendental en la cultura contemporánea", y no lo comprendo, sin importar cuánto estimo la poesía del italiano muerto a los cuarenta y dos años por propia mano. Escribió algo que cito con frecuencia:

"Vendrá la muerte y tendrá tus ojos/  —esta muerte que nos acompaña/ de la mañana a la noche, insomne,/ sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo./ Tus ojos serán una palabra hueca, /un grito ahogado, un silencio. /Así los ves cada mañana/ cuando a solas te inclinas hacia el espejo./ Oh querida esperanza,/ ese día también sabremos
que eres la vida y la nada./ Para todos tiene la muerte una mirada.// Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Será como dejar un vicio,/ como mirar en el espejo/ asomarse un rostro muerto, /como escuchar un labio cerrado.// Nos hundiremos en el remolino, mudos."
 

Duermo y duermo, como mi incidental, diecisieteañera amiga. Como buen viejo me vuelvo adolescente y solo el impulso tiene sentido. Ayer a lo cura Hidalgo pude sacar a un pueblo para tomar el país.

-Ayúdame -pido a la joven.

-¿A comprender? Soy una muchachita. Tú deberías guiarme, jaja.

¿Le confesaré mi apuesta? Saldría corriendo, jeje. Bueno, quizás me equivoco. Pero no lo haré, por si acaso. La necesito, vida que palpita como nunca antes y después. Seguirá intercambiando mensajes solo en cuanto tenga un escucha al cual, por error, considera maduro e inteligente.

"Fumar es un placer, genial, sensual", cantaba una artista del franquismo que en la chaise longue daba diez chupadas al cigarro cada veinticuatro horas para esperar "al hombre que yo quiero". Era cualquier cosa excepto ingenua, pero del tema sabía pura chingada, jeje. 

Mis ceniceros, en cambio, murmuran elaborados secretos. Por ejemplo, que G comparte lugar con la última Eterna, rubísima, bajita, de alabastro, a quien preguntaría tontamente y no ¿De dónde saliste?, pues, fresca, la memoria reconstruye los escenarios en los cuales fui a encontrarla, y, cierto, no corresponde a mis arquetipos femeninos.

Pruebo con ella sensaciones inéditas, cuyo origen tardaría en precisar para ustedes, pues tengo que rastrearlo un océano lejos, por cuartos de posadas y hoteles familiares cincuenta y tantos años atrás.

No jugaría al amor contigo, muchacha, y con Eterna Septiembre 2022 empecé apenas vernos. Ya dijo Quevedo: seré cadáver pudriéndose y la pasión seguirá allí. 
SIGUE

    

miércoles, 13 de abril de 2022

Primer sueño

 En la siesta de las siete, jjj, tuve un sueño que casi me obliga a revelar la razón de llamarte P, además de que es tu inicial. Venía también de Plastilina. Ay, amita, ese primer día como el algo más al cual me decidiste.

Como cualquier sueño, el de hoy era una alteración. No se trataba esta vez de revelar lo oculto sino de recrear extraordinariamente el momento. (Voy a ponerme eroticón, Tic.)
Nos encontrábamos en un viaje de vacaciones entre jóvenes, sin conocernos. Tenías una gran amiga, los demás, hombres, eran parte de mi grupo, debo poner entrecomillas, pues no los reconozco en absoluto. La insinuación estaba en el viento y los colores playeros, en el barullo de un camino vecinal y la casa que ahora identifico: una variación de la primera al volver a la ciudad luego de los provincianos años -te hablé de ella, seguro-, con un anexo al fondo, tras un hermoso patio natural, no con higueras, a la manera del real -el otro real, porque este existe ya por el sueño o estaba en algún rincón interior. 
La atracción no fue inmediata y de hecho cobró forma apenas al coincidir por casualidad, digamos, a solas y a media tarde -eso sí es representativo- en la pequeña vivienda posterior con una hermosa luz de trópico al fondo, remarcando la tibieza de la sombra entre nosotros y la vida exultante todo alrededor, cielo y tierra al servicio de las pequeñas criaturas.
Los cuerpos se juntaban casualmente y los primeros besos en una caprichosa posición podían creerse producto del fácil acceso a los hombres, que dábamos por supuesto -es decir, una P al revés de la conocida por todos-. Tus volúmenes asomaban entre una blusa y una falda larga de sencillo algodón, con el exacto, enloquecedor jugo de tu piel y lo que empezó a descubrirte plastilina -en el sueño y en nuestro departamento. 

Parecías más bajita de lo que eres y así quizá tu ductilidad se multiplicó. Aunque eso se revelaría minutos después y como consecuencia de lo otro: el incontrolable exudar de la carne y el cuenco interior, idénticos a los tuyos, todo.
La previa decisión de penetrarte sin preservativo copió a la vez aquélla tarde y por ello tuvo el mismo significado, aquí incomprensible pues no había claro presagio de lo que sucedió muy lentamente y fue asombro por el breve tiempo ocupado... sin pausa, mientras no sólo yo sino los dos nos maravillamos de la auténtica plastilina en la cual te convertiste.
Si sabías bien, lo sabían hasta quienes no tuvieron derecho a tu placer, que eras de una flexibilidad apenas concebible, el nivel rebasaba la imaginación, sin separar un milímetro nuestras pieles, ni más ni menos que aquella tarde.
No necesitábamos revolvernos gran cosa, echados en una confusión de sacos para dormir, telas que no venían a cuento allí y sí en el futón azul, sin mueble, transformado en colchón cuando marchaste, que adornabas con pasminas y chales hindúes, los almohadones de artesanía en riego.
Difícil precisar si el sueño aceleró la velocidad de la entrega sin reservas, que se acompañaba con frases similares a las de entonces y una connotación revelada en la cercanía de los otros y su inverosímil descubrimiento de lo que sucedía tomándonos por sorpresa también y antes que nadie a nosotros.
Exagero con la similitud de las frases, ocurrentísimas, posibles ahora gracias a juegos de palabras como los de aquí arriba, y no hace ocho años. Su contenido en cambio superaba incluso los reales -obsesivo yo con el subrayado- ya que un rato antes no teníamos relación alguna. 
No consigo reproducir las palabras que soltábamos por instinto y creyéndonos incapaces de ella.
-Nuestra boda.
-Sí -te temblaba la voz.
Ese diálogo se producía tras tu tercer orgasmo y la inminencia del cuarto, luego de un primero al par de minutos de que iniciáramos los besos y un segundo menos de cinco más tarde.
(Repito para mantener el tono.)

Tu amiga se acercó para preguntar si estabas bien -la vi claramente en el sueño que por supuesto no es el único con estos recursos, entiende al fin el yo renuente a las drogas y hoy rogando porque en la siguiente operación usen el derivado de la morfina; esperar eso y ya, que criado entre la generación que experimentaba con ácidos y demás, no dejó de temer el potencia mi natural tendencia a perderme-. El Sí tuyo bastó para que comprendiera y, en el eje de cuanto sucedió, no pudiera creerlo -ella símbolo del exterior de entonces, claro.
Exageró el sueño pero no mucho, ¿verdad? 
A la manera de cualquier parte del cuerpo, no hay dos sexos iguales en la tierra, doble P, y el reto al describirlo es su continua transfiguración. El tuyo a veces se ensanchaba y ahondaba prodigiosamente -lo hacen todos en un cierto grado, creo, porque la Niña lo experimentó... por primera vez, sin imaginar cómo descubrí el recurso contigo, generosa mujer sin temores a nada que se relacione con el cuerpo-. Era así por completo vivísima tela sobre paredes que bocetaría de tener una mínima disposición al dibujo.
En el sueño permaneció siempre en el desborde de la carnosidad que hacía de beso, agradecimiento, demanda por no marchar. Las manos de ambos se comportaban con extrema delicadeza, morosas, igual que el resto de aquél conmovedor amasijo que éramos. Las tuyas empequeñecían para subrayar tu ternura y no había necesidad, digo a quien mande en esos temas, porque las que tienes, educadas o no por el piano, sobran.
Volvamos a la plasticidad pasmosa incluso para ti o sobre todo para ti, pues fue lo que te rindió: tu rostro no sabía qué decir cuando las piernas, más rellenas que las tuyas, estaban entre tu cabeza, y el cuerpo todo era casi por consecuencia de una blandura inusitada. Un ovillo en la curva del mio, escurriendo y en lentísimo giro o quieto, quieto, incapaz de sustraerse al encanto inexplicable, que la tarde se diría ordenaba. Una de tus manos me acarició el mentón ligeramente para acompañar la mirada, el cuello en un doblez, de niña o madre, a quien le traía aquello más allá de él, asimismo agradecido como el fiel que recibía en cuerpo y alma a su virgen. Mística la hora en la suerte de pesebre, preciso por fin el lugar. 
Un acto tocado por la divinidad, desde luego, piensa el yo que jamás pisó una iglesia. Por ello la amiga trajo un plato de comida y una jarra con jugo y los dejó a nuestros pies. (Es tan obvio, Tic: las imágenes mezclaban el recuerdo con estampas de la pintura renacentista o del impresionismo, da igual así parezca un ex-ah-brupto, jjj.)


 

 

lunes, 6 de diciembre de 2021

La ¿Me perdonas?


A L, la ¿Me perdonas?, la encontré un año atrás, queda dicho y no aclaro cómo. 
Ser luminoso, la llamó antes un amigo. No conocía la historia cuando nos vimos durante un encuentro continental. Había muchas irresistibles mujeres allí y mi mirada se posó solo en ella. 
Delgada, blanca de piel contra mis gustos, tenía una elegancia natural acusada por las ropas que como artesana confeccionaba para sí misma. 
Los organizadores del encuentro prepararon un baile y coincidí con ella en la mesa. Nadie se decidía a empezar el desfogue de esa semana atravesada por ideas nuevas y nos atrevimos a poner el ejemplo. 
Nuestros cuerpos en movimiento parecían conocerse y se emborrachaban. Lo demás también, en mi caso y no en el suyo, obviamente. Debimos seguir así y no era justo pues media docena de compañeras al lado hacían un silencioso reclamo, sin otros hombres a mano. 
Nunca renunciaré a la apuesta por componer canciones de carne y hueso y L quedo en mi obsesionada cabeza. Cuánto agradecí encontrarla un año después. 
Apenas desempecado en La Habana para un nuevo evento, vi un cuerpo cuya espalda me pareció gloriosa. Era de ella y apenas nos reunimos en la mesa común se lo dije al amparo de mi edad. 
De noche nuestro pequeño grupo se reunió en el patio. Mi a veces agotadora vena cómica renunció lo necesario para concentrarme en la belleza aquella: su parado, la forma de sentarse o estirarse, el contraste entre su aire abstraído y su espléndida sonrisa, el durazno de la piel.
-No sé en qué manera, será "mía" -pensé dispuesto a casi cuanto fuera, incluido el ridículo, desde luego. 
Al día siguiente nos separamos en equipos y la increíble experiencia de cultura comunitaria que conocí borró el delirio. 
Regresé con una nieta cubana adquirida y según avanzábamos por la carretera le compartí mí locura, que volvía a velocidad de vértigo. Imposible detener a la tormenta de veinte años cuando en el hotel compartió cuarto con L. 
No había pasado un cuarto de hora y la jovencita entró a mi habitación. 
-Dice que eres un hombre muy interesante. 
La futura ¿Me perdonas? sabía ya con entero detalle cuán demencial era mi gusto por ella.
Paracaidista en vuelo libre animado por el súbito arrojarme del avión, no me había sentado para la colectiva comida al soltar: 
-No sé si te avisé: nos casaremos a las siete. 
Creí que se ahogaba con el trozo de pollo cruzando por su garganta, entre las risas que celebraban el momento.
-¿Ah, sí? -respondió semi recompuesta. 
-Y no te preocupes. Como soy un anciano, seguro no llego a la noche de bodas. 
-No, así no -se sumó al juego.
Nos retiramos a nuestras respectivas tareas y al cenar rompió una regla no escrita: dejar libres las cabeceras.
-Son las ocho y no vi nada de boda -dijo ante las miradas cruzando la mesa.
-Se hizo en ausencia tuya, por interpósita persona.
-¿De veras? 
-Cambié de cuarto para que tengan su alcoba nupcial -dijo la nieta, entonces enamorada de mi roomie, quien protestó.
-Creo que lo dejamos para mañana -propuse a L. 
-Sí, creo que sí. 
Mañana fue cuando se ganó el apodo y nos mal informaron sobre los 43+5. 
Ciertamente el conquistador desapareció en ese instante, y yo todo, los dos días que podrían completar la obra, y dieron conmigo sólo para avisarme que irían a bailar otra vez. Había esperado el juntarse de nuestros cuerpos en movimiento y renunciaba a una segunda oportunidad... ¿para qué? A saberse. Canciones son canciones.
Quise dormir, no pude y escribí para L la mejor carta de mi vida. Poniendo punto final tocaron puerta. 
-Si Dios existe -pensé en un despropósito para un ateo de tres generaciones- es la ¿Me perdonas?  
Y sí. Al empezar a aclararme los motivos, la detuve.
-Deja que lea lo que escribí para ti.
Pobre, ahí, en una silla, a la escucha de tormentosas declaraciones que no deseaba, sin saber cómo retribuirlas.  
Terminé, trató de explicar otra vez, ahora la situación sentimental que atravesaba. Le pedí no hacerlo, pues no había demanda en mi carta, nos levantamos a un tiempo, volví a agradecerle sin palabras las sandalias que emparejaban nuestras alturas.
¿Recibiría compensación? ¿Inmejorable remate para la historia o su ruína?
-¿Vamos al bar? -propuse y no sé si dudó en dar las gracias. De otra manera habría terminado componiéndole la canción, ¿no?, y a tal cursilería ni por el personaje femenino de París, Texas. 
Luego, ¿no soy cursi al vivir y contar a L -y las demás mujeres en estos cuadernos-? Sí, claro.
Todos y todas necesitamos necesitamos una épica personal, creo; hasta quienes no pareciera, ¿verdad, James Kelley? -¿recuerdan a este hombre, E y S?-. Y como no conquistamos Persia, estupidez soberbia, según probé por aquí, asaltamos corazones, y sino pregunten a Alonso Quijano -¿también a su escudero, Teresa?; Claro, responde Molley Mahoney y no aquélla a quien dieron apenas un diálogo en ciento treinta y cuatro capítulos.
Se mire por donde se mire, tengo una edad quijotesca y mi molino de viento en Cuba fue rendido según mandan las reglas de caballería.

viernes, 30 de julio de 2021

Kola loca

2011

Estimaba tanto mis lentes... Hace un año al parir una idea me senté en ellos y una patita salió volando. Poco después sacaron la peor parte en una batalla campal con los nietos y los cristales se despostillaron. La Niña quiso comprarme nuevos y me negué, pues no tenían par en amabilidad.

No es casual que hoy pisara su pata sana y como no los concibieron para servir a lo monóculo, imposible sujetarlos ya. Mañana compraré un pegamento rogando sirva en bien de la catarata del ojo izquierdo. Sino, en breve los cirujanos del Hospital General tendrán que darse quién sabe cómo tiempo.
La anécdota me pinta de cuerpo entero y la cuento en un descuido del abuelo, quien marchó al diario paseo de costumbre. No puedo seguir endilgándole la cantaleta de cada tres semanas. 
Con el Whitman ni el saludo intercambio y el canto de hoy a mí mismo no lo acompañan tambores ni trompetas. Así que al ir al río no lo hago con propósito de admirarme. Sobra con el amor y el respeto, y el gusto por el vaho de mi aliento no es ontológico, sale del llano aroma que trasiega el estómago. 
En nuestro país venden un líquido de nombre Kola Loca. No pega de locura, como asegura la leyenda, así que no adivino el resultado mañana, cuando con la patita de los lentes intente poner lo demás en su lugar. En todo caso con catarata y Hospital General, sé bien, puede vivirse con harta decencia y buen humor.
-0-
A veces quererse cuesta trabajo. Al día siguiente la Kola Loca no da resultado y de noche como la muñeca del Cricrí ando por los rincones gimoteando, no importa cuán buena fue la mañana y cuánto me quiere la otra parte de esta pareja a lo microbio. 

lunes, 7 de junio de 2021

Cantaleta

Me pasé de melodramático.

Toca ordenar esta madre cuadernil.  

El niño en mí estuvo siempre y de posada: "No quiero oro, no quiero plata/ yo lo que quiero es romper la piñata".

Sobreviví, Tic, y no me refiero al Covid. Tampoco hablo de hambre, que bien pudo alcanzarme. Es el orgullo quien salio adelante en mi volado, así la moneda cayera de canto. 

Soy tu viejo, solo eso, con su cursi azotea habitada por una meliflua corte de medianoche, desde donde escucho a Lucha Reyes como cuando le hacías segunda, Menudita

en nuestro departamento enamorado por sombras.

Ve a Don Nadie, que a orgullo lo tiene y sabe: Si hay revolución mundial no seré el ayudante, aunque se me vea marchando por pueblos y ciudades cuyas calles desconozco. 

Hubo barricadas, ¿recuerdas?, con Lupitas que las levantaron, hace cinco, seis, siete años, y llegué apenas a los campamentos donde encontraban refugio. 

Ahora volveré al Santo Lugar como antes, a lo fatigado esta vez. 

-¿Denme refugio por una noche? -pediré a San, Lety, Ángel, Samuel, sin fuerza para hacer la vuelta al cobijo hasta el día siguiente.

Y así tú y tu N seguirán siendo amores por pantalla, a quienes besar comedidamente cada tanto entre playas y esteros. 

Mirá que bónita le está quedando la cocina al Nuevo, que jamás te vio.

Orgullo de criador cuyos nietos se marcharon también, entonces, cuando eras jilguero para esta privada. 
Por allí flotabas en tus salidas nocturnas, tan irredimible como Suertudo luego, muerto a lo Espartaco.
Sí, necesito una épica personal, antes y hoy. Deja entonces que ponga la obligada.

Mientras afuera cuentan votos.

¿O jugaré al fin dentro de un partido, aprovechando la derrota morenosa en la ciudad, por ver si acaso...?
 



 

 

   

jueves, 14 de enero de 2021

Eterna y el hombre delgado

Escribo cuadernos y también tengo una vida.

La canción fue regalo de la Mal nombrada para mi amita, tiempo atrás, y hoy, palabras aparte excepto el coro, acompaña bien nuestro amor, ¿verdad, Eterna?, cuando a este lado Mar propone pasionales encuentros una vez se pueda y mientras jugamos con intenciones.
¿Qué edad tengo? Con Eterna recién llegué a los cuarenta y cuatro y para quien espera el fin de la pandemia casi treinta más.
Pondré, pues, una segunda tanda de diversas intenciones, que mezclen.

Tercamente otros sueños cuentan la fantástica reunión con esa primera mujer inigualable y cómo dos décadas y dos hijos después el amor permanece sin mácula.
-De no verlo no lo creería -dice alguien.
-Son profesionales -agrega cualquiera al paso.
Afirman que hacemos diagramas para asegurar el bien único, descubierto por ambos a un tiempo y para siempre.
-Me traicionas -escribe imaginariamente P desde su aldea mágica, donde está recluida contra la virtualidad.
-Nunca -respondo. -Ni a N. Es solo que ella llegó cuando yo tenía veinticuatro años. Entonces, imposible conocerlos. Y lo perfecto ha de serlo por fuerza.
-¿En sueños?
-No, vigilia pura ya.
-0-
Marché al Río Níger con mi abuelo y luego fue el Magdalena que corre entubado por esta ciudad, acompañando por la propia Mal nombrada, Sofi, Andrea, hija putativa; Fanny, el Dos Pesos, Mario, Sonia -hoy Platónica-, tales y cuales más y sobre todo Jesús y su barrio bravo. 
Llegó entonces el Abajo para dirigirme al "Sur, geografía profunda" y la personal Patria prometida adonde desde niño conducía Felícitas.
Todo empezó cuando no hubo ya nietos a quienes entregar los días exhaustivos, redondos, nuevo paraíso cuya pérdida no soportaría. 
Para ese momento tenía a la parea ideal, que llegó accidentalmente, como cuanto por bueno solo puede alcanzarse así. 
Se llamaba P, nos bautizamos Tic y Cuac y a los once meses la obligué a irse porque sino sus veintitrés años recién cumplidos renunciarían al futuro. 
Frente al desierto que amó apenas verlo siendo pequeña, encontró al beduino al cual fraguó sin conciencia y debió dejarlo partir. 
Yo, asomando cada tanto desde el primer curso aquel, aceptaba cualquier provocación para apaciguar la angustia alimentándola. Imposible evitar a quien canto en Rascamapache y sí, por tanto, volverle necesidad su costado contrario. Lo hacía con piel y más piel que se le adhería temblando de deseo.
Eran de jovénes cuyos cuerpos despreciaba hasta encontrar a esa que luego reconocería como Inesperada. Cierto, solo las caderas de Mía y el delirio sexual que encontraría en Corazón mío y la Niña valían una misa y en consecuencia sufrí bocas, pechos y muslos sin gracia nueve de cada diez tantos diarios. 
¿Que mi cuerpo se marchitaba? El de ellas en general no nacía y quizá nunca lo haría o unicamente atreviéndose a tocar a otra mujer, si daban el paso a que les animaba.
Mi amita volvió, madre ahora, y por compensarme estuvo dispuesta a nuestros viejos encuentros carnales. Tras el primero, ante un espejo, le pedí olvidar esa parte. 
Hoy somos los debidos y para que la de Rascamapache no me haga una mala pasada está Eterna versión ya no se cuál.

  

F:jJf-

sábado, 26 de diciembre de 2020

Inesperada. IV

 Dame chance de poner esto, Tic.

Si vas a poner esa cara lo quito.

Más se enfurruña la indina para molestarme y subo el volumen en compensación. 

N sonríe, sale regañado y peor le va a mi amita porque el enano salta a su alrededor como mico burlón.

-Quiero a Waits -dice, caprichosa.

Trato de ser razonable mientras los nueve años buscan aires menos contaminados.

-Nunca aburre, claro, pero aquí...

-Hold On o nada.

-¿Por qué la provocación a este pobre viejo que hace un minuto te quería?

-¿Tan poco aguanta tu amor?

-Tengo el corazón desecho, recuerda.

-Farsante.  

  


F:jJf-