lunes, 19 de diciembre de 2016

Inesperada. Nuevo tiempo

  En lo alto se lee: diciembre 19, 2016.

La Inesperada llegó el miércoles aprovechando que su pequeño va de vacaciones con el padre. Me vio pasándola mal y viene para apapacharme. Entró sorpresivamente pasada media noche. Suertudo corrió a espiarla y a mí me dejó sin palabras. Justo discutíamos nuestro desastroso estado hogareño y verla fue una confusión de sensaciones, empezando por su posible reacción ante la abrupta forma en que traje y despedí a A. 
Había adelantado su comprensión, es verdad, y aun así me sentí utilitario.
Como buen jilguero canta ahora algo cercano a esto.

Lo hace bajito y aun así mis vecinos celebran el regreso y una pasó a darle la bienvenida.
El miau protesta.
-No, carnal, sardinas no, porque tanta proteína te hará daño, creo.
-Anda -media por él la señito, quien ya va rumbo al refrigerador.
-Bueno, cuando te vayas se irá contigo.
-Uy, sería perfecto para él...y para N. 
Joaquin Sorolla
-¿Me acompañaras al parque de mi trabajo? -le pregunto.
-Al parque nada más. 
-Termino el domingo.
-No importa.
Fuera de la hermanita Dany, nadie allí sabe siquiera que existe. 
-¿Le digo a los nietos que vayan al salir de clases?
-Sí, como tu nuera está para cumplir nuestros caprichos... Ladran los perros, acompañaré a Suertudo.     
¿Titularé esto Inesperada 7? 
A ver si a la remilgosa le gusta esto que regaló la Mal nombrada.
-0-
P fue a verlos a ustedes, nietos, quedó a cenar con sus pas y yo intento darle un remate al registro de la crisis que pasa y no acabará quizás hasta mi muerte, en 2070, confío. 
-Antes fantaseabas dormido y ahora lo haces despierto, parece -dijo ella el jueves en una charla inusual entre nosotros. 
-Como dejé de hacerlo en el diario que te llevaba... Me cuesta trabajo precisar el nivel de mi locura.
-¿Locura, locura?
-Sí. Espero que fuera por la crisis. 
-Vuelve a escribirme y veámonos de cuando en cuando otra vez.
-Mi inseguridad es cósmica ahora. Y no intentes convencerme de otra cosa -generosidad con patas, debí agregar. -La cuestión está en los sueños. Si volvieran...
-¿Qué los trajo?
-Los buenos tiempos, creo.
Odia el lugar común y no salió con uno: Regresarán o Empéñate, o algo así.
-Te quiero, te querré siempre. 
-Y yo a ti, y podemos pasar años sin vernos -pensé y adivinó.
-No nos alejemos más.
Esa noche P casi me obligó a tenernos. Lo hizo con tanto cuidado que por un momento olvidé mis titubeos.
-Si necesitas los buenos tiempos para soñar, ya empezaron -dijo al final.
¿Qué significa eso, exactamente?
Luego cantó una de sus nanas, en algo parecida a esta. 
Si la locura progresa, no será por ella. 
-0-
Regresó y duerme. Yo intento trabajar y no puedo. Tengo cruda por las tonterías que escribí en los últimos meses -las anteriores no importan, jeje.
Se me ocurre que Ana pidió a P velarme. Fue a la única otra mujer a quien hablé de mi larga historia. Lo hice tras aquella primera noche juntos como pareja. 
Había visto el cesto donde guardaba los recuerdos, sin atreverse a abrirlo. Entonces preguntó. Le conté a dosis, por no apabullarla, y de la muerte no hice mención sino los últimos días. Estaba muy irritable y decía cosas sin creerlas realmente. Como que la dejaba ir por conservar la memoria. Era mentira y lo sabía. 
Costó mucho trabajo abandonar nuestros encuentros cuando Luisa enfermó y abrí la larga serie de capítulos con A. Ahora gracias a P pongo punto final al registro de mis desgracias, bobas, por lo demás, contemplando el trágico espectáculo alrededor.
-0-
Debería usar como títulos los días y las horas. 
Es madrugada de domingo y la Inesper duerme. Suertudo vuelve a mis piernas y me preocupa porque cree que en adelante seremos tres y aun así busca cobijo. Improviso un móvil, digamos, y cuando lo deja es otra vez el loco desmecatado. Romper la dependencia, de eso se trata. ¿P pensó algo así al hacerme el amor? 
Busco música para ilustrar.
Leo al revés. 
Necesito mis sueños, entendió. Los que me consagraban. Amores imposibles en la vigilia de cualquier edad. Y es mucho decir, por mi fortuna con ellas. 

Vaya que los necesito. Sino vivir será imposible. Estoy hablando de amor, claro. El resto y más importante lo enfrentaré con miles o millones. Tengo fuerza para eso si la pequeñez permite: mi piel, mi boca, mi imaginación, mi mitad por naturaleza extraviada. 
Mitad, digo, qué cursi. Despierta, Inesper, y anda el pasillo rascándote los ojos, como E y S entonces. 
¿En realidad necesito una mujer? Me bastaban ellos, como antes Él y el Nuevo. 
Mitad, menuda tonta idea. Perdí todo, no soy universo. ¿O sí, Suertudo, que volviste y desde un borde de la computadora miras a tu compadre con, ni más ni menos, amor? Tal vez juntos lo logremos, extrañándonos, pues a ambos nos expulsaron. Y la luna, ve, tan sola también. 

Lunes a mediodía
Acabo de poner por ahí lo que escuchaba en la madrugada y mi comentario: 
-Trágame, tierra... 
-A comer -dice P.
-¿Puede ser luego de suicidarme?
Suertudo mira con gesto de ¿Quién me mando con el Idiota? 
Bueno, todavía hay una oportunidad, pienso tras la furiosa racha de optimismo que entra por mi ventana.
-Inesper, hoy toca casa. Vas a ser amada mejor que nunca.
Sonríe y responde.
-¿Prometes?

Madrugada de martes
De una forma u otra P será mi compañera hasta la muerte.
Creo que aquí y allá dejó claro porqué los últimos años en la pasión transcurren con jóvenes. Detrás está la Inesperada, sin quererlo ninguno de los dos.
Cuanta pareja encontré al irse ella tenía el dejo angustioso de Aden, Arabia, la novela que cito y cito en estos cuadernos. Y yo era ya el abuelo.
Luego cambiaron los papeles y como mi hermanita la Dany o la Mal nombrada, P me cuida. Lo hace a su manera y ahora en un tiempo nuevo, pues no hay más crisis y estoy hastiado de juventud telúrica.
Parejos por fin, podemos hacer el camino clásico evitando, igual que antes, la competencia.
(Sucédese entonces la siguiente escena.
(P aparece como siempre a estas horas y al sentarse en el brazo del sillón ojea la pantalla. 
(-Ah, no. Más tonterías no. A la cama. 
(-¿Eh? -contesto sorprendido, pues nunca dijo algo semejante, y apaga la computadora. 
(-Vamos.
(-Espera. Solo cuento esto...)      
     
Madrugada de miércoles
¿Cómo contar un día, uno largo y hermoso, que aún no termina?
Debió ser otra y no la encuentro.
De la recámara a la sala, duro on the road, es mi terca respuesta a quienes llaman por teléfono, digo en muchos lados aquí para terminar refiriéndome a la batalla cotidiana que clava tumbas en cada una y uno. Hoy mi ventana no encuentra cadáveres flotando, ciego como estoy gracias a P. Su aroma penetró los huesos del que nunca más será viejo en sentido pobre. 
-Crucé el puente, para regresar, ¿no, Suertudo, que me lame con ojos tristes? 
Sí hay bajas: tú. Dabas mucha lata, te cerré la puerta, buscaste cómo volver dando vuelta por el patio, primero, y después saltando al baño. Nada. Cósmica soledad la tuya. Ahora, mal padre, dejo que tires mi encendedor, prohibición absoluta, aprendiste por ti mismo.
-Busca consuelo en ella, en su acogedor cuerpo dormido. 
Marchará, entiendes, y te echas otra vez sobre el borde de la computadora.
-0-
¿El puente de regreso? ¿A dónde? Al humor, será. ¿A cuál, si no veo ni rastros? Pues que empiece. Es delicada la cosa si deben contabilizarse pérdidas. 
-Partieron los jóvenes.
-Bienaventurados sean -dice un eco. 
-Y Santa Utopía.
-Bienaventurada ella.
-Pues no se cumplirá.
-Así sea.
-No digan estupideces -los del coro, claro.
-Nos burlamos un poco, nada más, Padre.
-Padre yo, entonces ustedes, hijos de la chingada.
-Alabada. 
-Me lleva la verga con este orfeón.
-Antiguo cine de esta ilustre ciudad.
-Ahora son enciclopedia.
-A tu servicio, señor de las teclas.
Mucha mamada -léase drama- en estos diarios.
-No hiciste el desayuno, flojo -ahora es la Inesper.
-Ando con la Contienda.
Se ríe señalando la cocina.
-Ya voy, ángel mío.
-Lo perdimos, Suertudo. 
-Jamás estuvo con nosotros -responde el felino.
-¿Ah, sí, ojete?
-¿Perdida?
-¿Eh? No, Santa. Fue un desliz -le aclaro mientra parto fruta.
-¿La de la novela?
-No, P, hablo con... Bueno, se trata de chingarme ¿o qué?
-Así sea.
-Vayan todos a la mierda. Ahí está la fruta.
-Miau.
-Sí, y tu atún.
Mr., venga en ayuda, pliiis.
Ah, pero soy mucho más joven ahora que lo viejo que era entonces, cito al propio Mr.
Y vendrán las oscuras golondrinas...
Me estoy pasando, sí.
-Y tú no me salgas con Come.
-No, mi cielo.
-Y para de burlarte.
-¿Qué le diste ayer? -pregunta el felino a la bienamada.
Antes.
La Inesper vive en una pequeña ciudad costeña, es quien es y no gusta de los tumultos. Así que tocó paseo al gran parque, donde otros pensarán menos desearía. No por nada escogió a su autoconcebido sombra. 
-0-
Eso canta P sentada a la puerta del departamento. Bajito lo hace y el patio largo escucha en dos pisos y se amansa, parece "como cuando yo era niña", dice doña Margarita, que anda por mi edad.
Recordé ya cómo le presenté la época de Tata Nacho, en fotos y crónicas mías, nostálgico paseante reviviendo lo que no conoció. Se afilió gacho, la Inesper, y tuvo su propia morriña, de nueva manera pues conocía las canciones por la abuela. Raro extrañamiento el suyo, naciendo donde nació y no en este seno de maldita Suave patria.
En todo caso canta y nuestra dulce noche de vecindad es un rebozo.
  -Mira cómo está la ventana, marrano.
-Dile al cigarro. Si Suertudo y yo estuvimos talle y talle hace dos semanas.
Ya picada, síguese con la mera, mera.
¡No!, Suertudo babea gacho a su lado con la mística mirada que ahora sabemos inventó la Virgen durante el Renacimiento.
-Cabrona -le digo en silencio. -Y así quieres que no te quiera -por decir, a la forma nuestra.
Ni modo que vaya y le robe un beso en la pantalla gigante del vecindario, quien espía, seguro, y luego uno que no se contiene, va a ser como aquella noche, más miaus ahora, protestones, rabiosos, con uñas y dientes, chance.
Voltea la indina para burlarse, intuyendo mis propósitos. 
-Total -le dije la vez en mientes-, es un servicio a la comunidad. Ói ese orgasmo múltiple.
Termina, tararea, busca inútilmente las estrellas.
-Vamos a la azotea, B. 
Ya la chingamos.
T
Todo, todito se registra, cómo carajos no, si andamos bien faltos de eso.
-Vas a tener de sobra -dice viéndome teclear. 
-Más vale pájaro en mano...
-¿Dudas de mí? 
-Así como dudar, dudar, no. Pero me late lo de A las pruebas me remito...
-¡Deja ahí! -grita para hacerle el juego al diálogo, pues no le toqué ni un pelo.
Ya entrados en gastos, aprovecha uno.
-Quiero una prueba de amor.
-Suertudo, ahí te hablan.
Carámbolas, la contagié de guarrismo.
Ahí estamos.
-¡Ya! Vamos a cenar al lugar ese. ¿Estará abierto?
Lo que quiere es pasear. Medianoche por las calles, calculado privilegio en La casa del horror.  
-0-
-¡Deja eso!
-Unos teclazos nomás.
-Suertudo, ¡a él!
¿La quiero o cuento que la quiero? No hay modo de hacer las dos tareas.
-¿Tareas?
-Eres muy trabajosa, P. 
-¿Sí? Deja hago la maleta -dice y camina rumbo al cuarto.
-No traes.
-La mochila, pues.
-Y no puedes.
-¿Qué? -pregunta volteando a mirar a mitad del pasillo.
-¿Irte?
-¿Quién me lo va a impedir?
Pretextos son pretextos, así que me la comeré.   
Apenas mi boca se pone al asunto, escúchase la carcajada. 
-No más computadora. Así dije y así es.
La gente dice que soy un holgazán
al conducir mi vida entre sueños.
Me han dado toda clase de consejos
diseñados para "alumbrarme".
Les digo que hago bien
al mirar las sombras en el muro...
No me equivoqué. 
-¡De veras ya!
-Pues no vuelvas a hacerme trampa.
-¿No? -dice desabrochándose la falda.
-Cabrona.
-0-
Cuánto tiempo puedo quedarme 
en este café en la nada, antes de que la noche se convierta en día 
Me pregunto por qué me preocupa tanto la madrugada 
Todo lo que tengo y todo lo que sé 
es este sueño de ti, que me mantiene vivo 
No conocía esa rola del Don, todavía imposible de subir, cuando la Inesper vino a vivir conmigo. 
Hace unos meses el Jilguero tiene a alguien. Me permití preguntar por él tras los recuerdos que de Ana escribí para Luisa.
-Nos vemos ocasionalmente. Lo conocí en la aldea-pueblo, como le llamas tú. No es de allí. Pasaba. -Solo eso quiso contar. 
Tema chupado para tratar, pareciera, y es delicadísimo. Y no por los celos que el viejo sabe resultan absurdos en su caso. 
P es el ser más complejo que he visto, quitando a Uno, mi hermano pequeño. Lo que otros vuelven trámite, en ella obliga a un enredado proceso. A cambio entiende -no "resuelve"- en segundos, problemas para los demás casi incompresibles.
Pasó la infancia y la adolescencia peleando contra lugares comunes. 
-Tiene retardo.
-Es una niña genio.
Su sentido musical es muy agudo pues está hecha de la misma substancia que acordes, compases... 
-¿Cómo va tu tempo y tu tonalidad? -debería preguntarle uno al saludarla.
-Te estoy leyendo, ¿eh?
-Total, un exceso no mata a nadie.
-Pero sí el hambre, flojo.
-Ya voy, dulcísimo amor.   
Así ahora la damita:


"Sus manitas", cómo no.
-¡Se quema!
Y ahí va su buey a ver si es cierto.       
-Júrame -dice uno de los dos. 
-¿Puedo ponerla en "canon"? -le pregunto. Sonríe.
Soy un cursilón con motivo. Estos cuadernos dan cuenta de cómo estaba cuando ella no había llegado y la manera en que se presentó inesperadamente por tercera vez.
Una amigo de redes sociales dijo hace rato que inventaba a P. Me permití enojarme, así, tal cual, pues no lo estaba, por el más sensible tema para nuestra especie: cuestionar la imaginación. Existiera o no materialmente, Ella se columpiaba en mi muro, donde los demás podían compartir la historia.
Yo hacía entonces el papel de confidente y al drama que Juan y María aireaban en público debía sumar los de Guadalupe y José. ¿Por qué insistir en que los romances, como cualquier otra cosa, eran impermeables a la épica, digamos?
Tan faltos de sueños cumplidos, el místico amor con mi P -las primeras entregas del diario se refieren a eso- debían festejarse, como oportunidad colectiva.    
¿María Greveer, la compositora, vivió Júrame?, ¿hubo una Maga? A quién interesa.
Soy un viejo al que seguro le queda poco tiempo y no me permitiré el pecado de pudor.
Tras la discusión aquélla, L, con sus diecinueve años compartió mi casa y mi cama, y nuestro amigo rabió. ¿Estaba loca esa joven? No, hacía una gran apuesta.
Al comenzar el diario puse una foto de Betty Blue, la película, advirtiendo que, siendo cronista, jamás fabulaba, y pedía a los nietos precisaran cómo cumplía el oficio ahora. ¿Qué fotos son de quién? 

Si hasta con los reflectores de esta Última función me retrataron hace ya nueve años, jeje.

Téngala, indina:
-¿De veras? Orita sí vas a llorar.
-No, pérate, nomás estaba vacilando.
-¿Qué estás diciendo?, ¿que soy tu abuela?
-No, de la Tucita. Mía nomás mi mamacita.
-Síguele.
-Pues pa qué le pusiste doble carga al café. Mirándole su carita yo miro a Dios¿Qué más quieres?
-Que limpies la ventana, cochino.
-Pero si me chiflas como la Chorreada.
-Ora, pues, mi Pepe el Toro -dice y se carcajea.
-¿Así nos llevamos?
-Tú empezaste.
-Y lo que empiezo, lo termino.
-¡Deja áhi, que está viendo todo mundo!
-Tú chitón y quiéreme hasta la locura.
-Sí, para que vean la amargura que estoy sufriendo por ti.
-Llevada.
-Si crees que ya me distrajiste... ¡La ventana!
-0-
Nochebuena para dos sombras y un gato. Por regla escabullimos las fiestas, esta noche vueltos multitud, cocina, su viejo hace un postre y Suertudo persigue al viento en el patio. 
Canta, para variar, y busco en el Big Brother musical. Tiene letra originalmente y ella lo tradujo dándose licencias y aquiétandolo por plazos, me doy cuenta ahora. 
Por la calle siempre el contacto de las pieles, normal según los papeles y tu miedo al exterior: de la mano, del brazo, recargando la cabeza en mi hombro o mis piernas, yo acariciándote el pelo o la espalda o los brazos, un beso si la desazón pasaba los límites usuales.
Eso recuerdo en Inesperada 1. Fue cuando durante los primeros meses hacíamos de tío y sobrina. La costumbre se trasladó a nuestra cama. Dormir y despertar abrazados, así el sueño nos aventara lejos. Cuerpos necesitados de calor. Hoy también.
Te creo al decirme que amas las arrugas bajo mis pechos, pena mayor para el viejo.
-Cuenta que te depilas -dice leyendo al paso.
-¡Calla! Intimidades no.
-Describiste mi sexo, según creo.
-Pero ese lo conocen todas las páginas porno.
-Ya ponlo, no sufras.
-¿Qué? -pregunto y lo hace ella.
¿Cómo puede creer que extraño algo escuchándola?
-¿La obligada?
-Las que tú quieras, lo que tú quieras, siempre.
Escucharla decir eso... Tenemos tanto miedo a las grandes palabras...
-Miénteme pero nunca dejes de hablar así.
Tampoco importa si robo la foto. De película esa mujer y yo.
Siempre que haya un toque trágico, que lo merezcamos. El Hijo y el acto de la Virgen son sublimes por sencillamente humanos, dice el ateo contumaz. Y ella está pariendo justo esta noche, ¿no?

Domingo
Riega las plantas de la azotea -sobra nombrarla pues somos tres personajes, si bien podría referirme a Suertudo que entonces volvería a lo suyo con las macetas de nuestras vecinas y ahora al encierro castigo, por ellas, que yo intento liberarlo cuanto se pueda y... ¿me sigo hasta el infinito con el tema -uy, dos terceras personas masculinas, complícose la pluma (¿por qué hablo de eso?, porque está en juego, diría ella, P, y no la pluma ((vaya primate preocupación, cuando hace cincuenta años hay escritores que manejan diálogos de varios sujetos en un mismo párrafo sin agua va (((Ay, B, otra vez intervendría la Inesper, ¿a quién engañas si harto quieres terminar haciéndolo bien?, ¿Me volví torpe con el sexo o fuilo siempre?, Pon tu onomatopéyico globo comiquero mientras soy dos o a lo cura Hidalgo tengo el don de la ubicuidad y riego, no meo, las flores, y no busques un clip, que a virgen no me regreso, así me mates y estemos a 25, número de día, preciso, pues te veo poniéndonos precio...)
-¿No tienes algo mejor qué hacer, flojo irredimible? 
-Amarte y no dejas. 
-Con que te estires...
-Uau, se vería genial, yo escurriendo de la sala a la azotea.
-Bésame. 
-Sí, mi iphónica espía. ¿Cantas?
-¿Acaso me escuchas?
-Chance lo hacías al oído de los geranios. Y grítale al miuau, que no lo soporto más tirando cosas a diestra y siniestra. Por cierto, ¿quién sería el que en la madrugada ponían y ponían los vecinos?
-Nel, P.
-Aproximado, pues. Con solo guitarra, eso sí.
-Los dos no viajeros.
-De la recámara a la sala, me enseñaste.
-O tú a la azotea (siempre la azotea aquí). ¿Qué aprendes hoy?
-Lo de siempre: la vida es durísima, en el 15, el 8, el 6.
-Hablas de departamentos, advirtamos. 
-Me encanta esta época del año. No sé porqué la odian.
-Los melancólicos no se dan como los geranios.
-¿Vamos al Carmen?
Tontas fotos google.
-Ya vente a mi pueblo, B. Vieras cómo lo agradecería N.
-¿Y vivir de ti? ¿Y la Santa?
-¿De veras te necesita?
-No, desde luego.
-No llamaste a tus hijos anoche.
-Ya saben cómo soy.
-Y el teléfono está descolgado.
-Nos fuimos hace mucho.
-Los jóvenes volaron también.
-Dejando una cama rota, jeje. En realidad, nada se va. Bueno, sí: lo que no valió la pena. ¿Y tú qué hablas? ¿Hace cuánto no ves a tu madre y a tu hermano? 
-A mi abuelita sí. Le platico muy seguido. Empieza a hacer la maleta, no seas.





Eso idílico en las fotos lo es solo cuando quieren los malditos. 
Tu aldea-pueblo queda a salvo.
-Los odio tanto.
-A "los malditos".
-No, a los cobardes. Esta tumba llamada México, dice un joven poeta de barrio. Eso me acercó a ellas y ellos, a los jóvenes: el odio.
-Vamos, que ya es tarde.
-Me cantas en el camino. Una que... ¿la recordarás?
-Haces el coro.
-Sí, cómo no, jeje.
-Y me la vas soplando.
-No invites al albur, P, que de por sí, y la canción se llama La guanabana... Ora esta.
-No me la sé. Cántamela tú.
-Payasa.
-Si eres entonado.
-¿Un helado?
-Deja de registrar.
Ya nos habíamos tardado en ver una pequeña infamia, que cada vez más incendia el alrededor. Los uniformados levantan músicos y comerciants ambulantes, calculan mal y la chusma, pues eso somos, se les va encima. Hasta que reciben refuerzos y a las camionetas van vaya a saberse cuántos y quiénes, entre el regadero de todo. Celulares pa qué te queremos y ahí van los abogados y abogadas. P trae varios moretones, yo tengo una camisa menos y del primero a la última ahí, el orgullo magullado y mucha, mucha ira, que se acumula, en nuestra oronda ciudad isla sin violencia.
Mientras sucedía la gresca y si los promedios valen, tres mujeres fueron violadas y asesinadas aquí lueguito.
Hay que tener huevos para decidirse a la felicidad en esta mierda. 

Noche
La escogió Ella.
-¿Por que no dijiste lo del ojo?
-No es gran cosa. Basta una operación ambulatoria.
-¿Y tus lentes?
-Quién sabe dónde los metió Suertudo. Necesitaré otros, además.
-Hace cuánto te hiciste estudios.
-¿Me ves mal?
-No, y la última con derecho a decirlo soy yo, pero hay que revisarse de cuando en cuando.
Por primera vez la Inesper tiene preocupaciones de ese tipo conmigo, o al menos las expresa. Es madre ahora, claro. ¿Con dos niños?
-¿Recuerdas la máxima? Quien bien quiere jamás piensa que los seres amados corren riesgo.
-¿Por eso no llamaste a tus hijos?
-Son indestructibles, como los nietos.
-Sí, sabio mío.
-¿Ya empezamos?
-Creí que acabábamos de terminar, jeje.
-Produje un monstruo.
Realmente resulta asombroso el nuevo P humor.
-¿Para qué llevamos este diario?
-Para darle gusto a un necio.
-Suertudo no pidió nada.
-Supongamos que no existes, como puse en la red social. 
-¿Y si quien escribe soy yo?
-Te hubieras inventado alguien mejor.
-Un hombre mayor...
-Un viejo.
-Bueno, un viejo soñando con una Inesperada, suena bien.
Todas las tortillas se me voltean hoy.
Hay un error en los guiones, jugando a nuestro favor.
La efectiva:
Vieran la carita que pone Ña Melancolía.
-Tantos recuerdos... 
No dijo palabra. Traduje su gesto.
Que llevemos un diario está bien para nosotros y quizá para N y los nietos. Si a eso se reduce no tiene caso compartirlo.

Lunes, fin      
Aquí recojo el fin de una crisis aguda, que pudo resolverse gracias a la Inesperada y a tal y cual cosa.
En un momento, marchar en enero era mi único camino, sin que renunciara del todo al sueño colectivo pero dándolo casi seguro por perdido. 
Un viejo a la aventura por la Casa del Horror resultaría el más común y desafortunado espectáculo.
Todo comenzó en septiembre, cuando di por seguro que el desatino que se conoce como México estallaría y un movimiento sin igual en décadas estaba en condiciones de aprovechar.
Demasiada bonita para ser cierta, la coyuntura no desapareció por completo, entendí después, y quizá se anuncia mejor ahora.
Desde luego lo social precipitaba lo personal. 
P vino por un callado, antiguo compromiso. No nos dejaremos más. Hablo en plural pues ella me necesita también, como la única persona que la conoce a cabalidad y en quien confiar para ayudarla con su hermoso niño.
Escribió una canción sobre eso. Tal vez la escucharán en otra voz, adulterada, sin duda, porque de eso vive el Jilguero.
Algo tomaré del diario para los cuadernos. 
-¿Qué haces?
-Hablando mal de ti. 
-No esperaba menos.      
Voy por la canción cuyos primeros versos nos hacen justicia.  

-Cabrón Suertudo, ¿dónde metiste los lentes, que sino no puedo terminar la cosa esa cardenista?


¿Los diarios tienen epílogo?
Con los años fumo más y no menos y a pesar del P ultranergético que consumo estos días, mis despertares son de Lléveme el diablo. Suertudo los recibe eufórico y en cualquier momento o me mata él a mordidas y arañazos o lo mato yo a patadas y gritos. 
Por fortuna la Inesperada visita declaró vacaciones y aun así debo hacer un informe, etcétera -pinche RAE y pinche yo respetándola.
Ya no comparto esto, así que tiéneme sin cuidado si aburro a un camello con mis sumas y restas y gracejadas como la de ayer, cuando fui a x empresa multinacional por aquello del no te entumas laboral. Quieren una investigación, pagan bien, puedo probar, pensé, y para los trámite seguí un instructivo. 
Incluía "Estudio médico" y por más que expliqué a la encargada de personal, me sacaron sangre y tomaron una placa. Muy eficientes ellos, horas después la facultativa tundíome a regaños. 
-¡Quiere estafar a la compañía! Su estado físico es deplorable.
-¿Tanto así? -dije con envidiable tranquilidad, calculando por donde iban los tiros, y ella volvió al discurso. -¿Qué edad tengo, según usted, y cuál es la expectativa promedio de vida?
-Usted, no sé, sesenta, sesenta y dos, y la expectativa, setenta y cinco.
-Falló por cuando menos siete. ¿Tres o cuatro meses cree que los complete, sin seguro médico, desde luego, pues jamás nadie ofreció algo semejante a un trabajador independiente?
Y le eché una revisada de arriba abajo con la vista. 
-Tal vez no la encontraré aquí al terminar el trabajo -díjele con un silencio elocuente. -La vida es tan lábil... 
-¿Qué haces ahí? -dice la Inesper.
-Diarieando un poco. 
-¿Ya viste dónde está Suertudo?
-Imagino.
-Un día se va con la gata negra por esos como corredores y no vuelve.
-¿Tienes miedo de que lo corrompan? Está operada la leidi.
-Ven al sol.
-Sí, mi patrona.
-¿Estás tristón?
-Es la música.
-La melancólica soy yo.
-Egoísta.
-Ven.
¿Y si no hubieras regresado? Ay, Ella.
-0-
-¿Y ora, qué traes conmigo todo el día?
-Que no dejas.
-¿Qué?
-Sufrir. 
-No, si quieres te abandono por Suertudo.
-No le muevas, que ese buey me trae erizo haciéndote descaradamente la corte.
-¿Tú crees?
-¿A poco anda rompiendo records mundiales por la privada, así nomás?
-Es que crece y se pone fuerte.
-¿Te fijas?
-¿En qué?
-Ya te parece que está buenísimo.
-Bueno, ¿sufres por mí o no?
-Nomás tantito.
-0-
A P le gustaban los viajes en Metro, para ir de una ciudad a otra, pues bien entendía que esta es muchas. En cambio circular por el exterior le producía angustia. 
Hoy mi pueblo es cincuenta veces el suyo y aunque en estos días los vagones no se atestan, prefiere moverse poco.
-¿Y esa vecinita qué se cree?
No me hago tonto pero callo. Es una joven dedicada al narcomenudeo, como la familia del galán, que vive ahí. Jamás volteó a mirarme y coquetea apenas vio llegar a la Ineseperada. 
Ésta suele hacerse la opcisa cuando observa comportamientos así y ahora se molesta no por celos, claro, ni por reto. Le parece una inadmisible mancha al día que circula fácil, cadenciosamente.
Somos expertos en estropear a propósito el mejor juguete. 
-0-
Se repite.
La batalla entre mi conciencia y mi cuerpo exterior se aquietó, sin terminar. Si por deseo fuera estaría el día entero dándole lata a P y ella sabiendo que me retraigo toma la iniciativa con dudas pues no sabe cuánto debe animarme. 
Hoy acordamos que yo volvería a decidir. Inicia nuestra despedida carnal, pues. 
Le corrió una lágrima mientras hablábamos y con bromas hice que el tema desapareciera también de mi cabeza. 
¿Y ella y su vida? Componer se volvió una combinación de gusto y rutina. Debió costarle enorme trabajo porque odia lo hecho por necesidad.
Fue una transformación sorprendente y no pregunto por ella. Trato de entreverla. 
P ante P y nadie más, así planteo desde niña la vida. No me costó trabajo entender y sí penetrar el mundo que construyó. La miraba y escuchaba con atención, acostumbrado a los nietos, y descubría, intuía y hacía pruebas, jeje.
Pasea con Suertudo por la azotea, así que no se entera de lo que escribo.
Antes era noctámbula y sigue siéndolo en cuanto puede. 
Mis todavía hermanitos transmiten por streaming su borrachera. Se esfuerzan en estar felices a pesar del injusto destino que les tocó. Los padres hicieron el esfuerzo y ellos estudian y trabajan, algunos desde niños, y al terminar la carrera encontrarán puestos como técnicos o en un call center. ¿Rentar? No alcanzan, ni hoy ni mañana. También por eso su descabellada afición a las mascotas. ¿Cuáles hijos, en tales circunstancias?
-No regresa.
-¿Suertudo? No preocupes. Imagina lo que estará aprendiendo. 
-Bueno, bajo el halo protector de tu amor, jeje.
Después de todo, ser gato no resultó una condición despreciable.
-Miau.
Sí, llegó.
-La próxima vez le pedimos que haga streaming.
-Payaso.
Le pido que aprenda la canción del Zita, otro muerto cuando no debía.   

Miércoles, noche
Adonde quiera que fuimos tomó mi hombro, mi cintura, mi mano, entre abrazos, besos, juegos de intención, risas y melancolías. Como en una burbuja las horas con ella.
A espaldas del barrio antiguo, detenerse y mirarnos, P coronada por la torre de la iglesia, bajo el sol andrajoso, hermano, al declinar. Marañas de niños, comerciantes que ambulaban con sus ofrecimientos, tiempo viejo.
-Tuyita.
Yo tenía veinte años y el mundo no sabía dónde ir, como entonces.
-¿Cuándo moriste? -pudo preguntar un amigo al paso.
-Por una vez haz las cosas como se debe -pensé. -Corre, la alcanzarás.
-Promete -dijo ella y prometí.
En un guiño se había ido. La busqué con los ojos y su cabeza asomó tras una esquina.
Niño, pues, finalmente.
Perdóname por no entender hasta hoy, Paula.
Seguimos, eternamente.
-0-
-¿Quién eres?
-La que no supo.
-¿Y esas tus manos qué hacen?
-Tejen los días o los remiendan, según necesiten o ellas puedan. A veces rompen.
Das doce pasos contados y donde haces alto escarbas.
Tú, yo y los dichos. Cuanta tontería acumulé.
-¿Odias sentirte estúpido?
-No. Odio andar las huellas de la estupidez. 
-Bajo la calle, ¿sabes?, rumbo a la aldea, por ejemplo, y al caminar entre piedras los pensamiento no se aparejan. Tienes uno, el pie resbala eso tantito, y se curvea, mientras el otro lo mira y no entiende de qué se trata. Cuéntamelo todo al revés, anda.
-Tuve que buscarte.
-Yo te encontré. Llorábamos los dos.
-Hubo un día...
-Uno solito, ¿eh?
-Sí, uno solito, triste él.
-Tan desacompañado. ¿Quién así lo dejaría?
-Tu boca, que no lo llamó.
-¿Esta?
-Sí. ¿Me la prestas?
-¿Pa contar?
-No, pa comerla pasito.
-¿Muy pasito?
-¿Como así? 
Ya se aprendió Por los médanos...
Este es el paseo nocturno que falta solo por excepción, a veces de madrugada.




-Más odios.
-¿Y ahora por qué?
-La paz aparente. Podría asesinar al poeta que pasaba el día en los parques y nos inventó la Suave.
-Anda, odia, que te hace bien.
-¿Y tú? 
-Yo con querer tengo. A diez personas nomás, jeje.
-¿Te hablé de mi padre?
-Apenas. 
-Hace tres años, si no me equivoco, murió a los noventa y seis. Estaba ya inconsciente cuando le escribí una carta pública.
-¿Pública? ¿Por qué?
-No lo veía ni hablaba con él desde 1995,. Era, ya sabes, un político provincial muy prominente en otro país, desde su regreso del exilio, y nada nos juntaba. Por ahí digo que aunque viví a su lado mucho tiempo, nos despedimos en el cunero del hospital. Si para ambos era o no justo, sale sobrando. 
"Hice las cuentas con él a lo debido, a solas, haciéndome viejo. De un llano hombre a otro trató el asunto, sin competencia. Terminé por entenderlo, estoy seguro. 
"Me avisaron que moría y urgieron una despedida. Intenté por teléfono y no hubo manera. Entonces cometí la tontería de la carta, tramposa, en que pareciendo un pan le decía cuánto detesté su historia política. De enviarla si él estuviera bien, no habría aparecido. Bloquearía su publicación. 
"Ahí anda la carta, eterna pues se volvió virtual. Fue una de mis grandes estupideces. Hay quienes lo detestan todavía, envidiándolo, creo, y le achacan mi extraño curso. Son muy amables conmigo y pertenecen también al círculo del odio. Los veo loar a sus familias y yo escribiría una carta a todas ellas, sin desdecirme después, como ahora.
"Saludos, pa." 
-De niña tuve un muñeco que cargaba a todas partes. No le hablaba. Él a mí sí. Donde quiera que estés, besos, muñeco.
-P... ¿Me das uno a mí?
-Largo, largo.
¿Fuera de lugar aquí la pasión de Cristo? 

Lunes, noche
La canción la escogió ella, tarareándola.
-Todavía te pones triste.
-¿Se me nota?
-Conociéndote. 
-Los hijos y los nietos, dejarlos, aunque los vea un rato.
-Estuvo muy divertido.
-Ven por ellos cuantas veces quieras.
Eso dijeron al despedirnos.
Camino a casa pensé que quizás era la última vez en encontrarnos. Mi dramática cabeza vuelve a pensar en vejez y país cuyo destino no espera.
-Del sentimiento trágico de la vida, escribió Unamuno, jeje. 
-¿De qué hablas, loco? 
-De tu afán por creer que todo es negro, Pecita (por P).
-Esta noche dormirás en el patio, ¿verdad, Suertudo?, y tú y yo juntitos.
-Ay, de mí. Sabíalo. La traición huélese a kilómetros.
-¿Traele su fármaco, miau? Queda claro que no lo tomó.
Seremos felices los diez -¿cuento bien?-. Familias tan bonitas hicieron los dos críos y la Inesper, y yo con el felino, que está insoportable, digamos de paso, porque fue abandonado una tarde entera.
-Te leo, B. ¿Y tú, N, Suertudo y yo no formamos una familia?
-Sí, también, fisgona. ¿Qué tal si el lunes...
-¿Vas por E y S? Muy la última vez, jeje.
-Pobre Unanumo, tan rebajado. 
-0-
Fui al hospital por el ojo. Tomaron signos vitales y cosas así y confirmé: bajo de talla y peso antes de los setenta. Voy a terminar en el circo, como enano. Sobrará mi condición de sombra, entonces.
Sí que conozco los médanos blancos. 
Realmente pago mis apuestas y el costo no es poco.
-¿Otra vez, B?
-Eso lo escribí al despertar y con apenas dos cigarros encima. Conquistaste al hombre más guapo del mundo, Inesper, ¿te habías dado cuenta?
-Claro -dice y se sienta en mis piernas. -Llamaron para la cena de hoy. ¿No entienden que odias eso -más odios, jeje-?
-Deja explico a los nietuscos. 
S y E. El abuelo no pretende que sigan su azaroso camino. Su pa y su ma hicieron uno mejor. El mensaje lo sostengo: mirar hacia abajo y adentro, recordando siempre que el tiempo circula incesantemente dentro de sí.
-Subí con Suertudo a la azotea y se fue con la Negra.
-Ese es nuestro felino: todo un aventurero. Habrá que llevarlo no al Ártico, que era para los como Buck*, sino a... ¿De dónde vinieron los gatos, P? 
-0-
La Inesper va de compras, Suertudo se pone salvaje, lo regaño dos veces en mal plan y quiero morir. 
-Intento someterte, gato. No te dejes.
Se acuesta manso en mis piernas. La obra está hecha. Ahora mis caricias serán el peor mensaje.
La vecinita provocadora se acerca con un pésimo pretexto, que olvida al comprobar no está mi dama.
-Tomate algo en broma, che B -diría mi consuegro.
Por eso a P le pesa marcharse. Regresa, revisa su androide.
-Mi amor -dice-. ¿Sabes qué necesitas?
-¿Camisas nuevas?
-No, unas hostias. 
(No es morena, pero como si lo fuera. Esa boquita de caramelo...)
-0-
Ya empezó el chantaje. Pobre P.
-¿Y esa carita, B?
-No es porque te vayas el miércoles, ¿eh?
¿Por qué ya no te llamo Tic? ¿Porque deje de ser el Cuac?

Domingo noche
¿Por qué no llorar, si se va?
 
La veré todos los días, cierto, y puedo correr tras ella cuando quiera. No es lo mismo a tenerla, ¿verdad?
Hoy le tocó cantar para el vecindario.

Lunes al atardecer
Todo es regreso hoy.
La otra vez Tic -raros motivos tenemos las gentes- ocupó el día para sus cosas en la calle.
Abandonados -un poco de chantaje nunca viene mal-, bebe Suertudo y el pobre hombre -¿Qué no me pase, miau?- deambulamos como fantasmas de nosotros mismos privada y casa arriba y abajo -¡No muerdas, carajo!
-¿Y si nos colgamos, felino? Imagínate el efecto. Después de eso no nos vuelve a dejar y a puro besito la lleva con nosotros... ¿Qué haces, cabrón? ¡Sabes marcar el teléfono!
Todo lee P y no puedo jugar entonces a mi muerte. Decir, por ejemplo, que revisando el ojo la doctora determinó próximo fallecimiento. 
No recuerdo el luego llamado Manifiesto romántico de Víctor Hugo y su relación con la tragedia. Busco, encuentro. El mundo moderno o viejo redimensiona lo grotesco, convirtiéndolo en "el más rico manantial que la naturaleza ha abierto al arte". Sin él no existe ya sentido trágico. 
(No hay mal que por bien no venga, dicen, y releer el Manifiesto me decide: adios, pretensiones literarias por pobres que sean. Escribir es un don y no lo tengo. Cuesta trabajo reconocerlo y ni modo. El charlador ((Murmullos)) falló en convencerme. El escritor tuvo con dos párrafos.) 
Tocan a la ventana.
-Eres experto.
-¿En qué, Tic?
-En molestarte, jeje.
-Se lo advertí al minino. Debimos darnos caput.
-Tramposo, poniendo esa canción.
-En el amor, la guerra y los P regaños, todo se vale.
-¿Y Suertudo?
-Es el gato más inteligente o sensible del mundo. El latoso inveterado se hizo humo cuando descubrió mi gesto al leer. Espera, lo busco.
-Yo voy... Míranos a la cara, B. Bien sabes que nunca pido cosas a tu corazón. No más castigo. Vete en nosotros dos. 
¿Realmente lo dijo a quien no sabe vivir de otra manera? Si lo hizo, habrá que esforzarse.

Martes por la mañana
Algo se rompió por dentro y Goliat no me sirve ni pa un taco. Ella lo precipitó y el sueño tuvo que trabajarlo, como siempre. Peleé y peleé en él, hasta vencer a quien quiera que allí da las órdenes de pudrirse.
Cuestión de libertad, se llaman las malas fotos.


-0-

Mañana se va la Tic. No hay tristeza. Si nos confundimos, cuál separación.

Madrugada
Despierto por otra pelea con una pesadilla y Suertudo no está en nuestra cama. Lo busco. Se independizó. Queridísimo miau, hicimos el trabajo. Ahora debo hacer el que me toca con la Inesper.

Miércoles mediodía
 
La Tic termina de hacer la mochila y Suertudo le anda alrededor. Yo, bien macho, me hago buey.
-0- 
Así, como la canción, le dije a la Inesper, y se subió al autobús, jeje.
Para entonces Suertudo había animado la liberación.
El abandono nos vuelve atrevidos y hacemos nuestra primera salida nocturna con gatos callejeros, Tic. Cuando Suertudo se me aleja más de lo previsto, soy como papá remilgoso.
-Ven, no te juntes con esa chusma.
-Pero si están de poca.
-Pulguientos.
Te hubiera divertido, Inesper.
La privada no aceptará estos excesos de libertad. Pobre felino, con lo bien que se ve el asunto. 
-¿La extrañamos?
-Más o menos.
-Deja le digo, cabrón.
-¡Miauuu!

Jueves por la mañana
¡Tómala!
Llegó bien la Ticzota -jeje- a su rancho y anda peor que contenta preparando todo para recibir de vuelta a N.

*El llamado de la selva de Jack London. Léanlo, nietos, a cualquier edad, aunque el escritor, gran aventurero, tal vez se equivocó pues hoy se cree que los perros no fueron domesticados sino que escogieron a la humanidad para parasitarla (en todo caso nada queda del animal salvaje, ni la preocupación por la camada, sustantiva entre lobos y demás parientes). 

jueves, 7 de julio de 2016

Inesperada (principio y fin)

No sé qué haré con el diario, Tic. Quedará reducido a muy poco, como mera sugerencia. Un centenar de líneas, si acaso.
Llegó el tiempo para las cuentas finales.

Meses después de iniciado el diario pone punto final para que la Inesperada, su hijo y yo desaparezcamos en un pueblo mágico.
Eso escribí, nietos, terminando lo que recogía sobre mi relación con la Tic, como también le llamo. Y después:
Para los demás sigo jugando a las escondidas contigo. ¿Existes?, ¿estabas y no volvió a saberse de ti? Parecieras muchas o ninguna y eres tan tú.
Acompañaba el texto con imágenes que advertían ser frecuentemente de una película y un pintor. Otras, según mis declaraciones, pertenecían en verdad a ella y yo. 
La Tic es el gran amor de mi vida y pudo venir sólo cuando envejecí.
Si soy un cronista que jamás fabula, a ustedes toca discernir cómo cumplo el oficio en este caso.
Selecciono fragmentos e incluyo música, haciendo a un lado la regla de los cuadernos. Si éstos llegan a papel alguna vez, quién sabe qué sucederá con el diario. 

I  

"Ahí hay algo más que cariño entre una jovencita y su tío postizo", escribe una mujer en el barrio virtual, bajo la rigurosa foto diaria que coloco de P, la Inesperada. 
"Pues si usted dice", respondo luego de infinidad de insinuaciones parecidas. La por lo común silenciosa coimplicada pierde la paciencia:
"Sí, somos amantes y pronto padres de una criatura, aunque no se note."
A los tres metros de distancia entre nuestras computadoras volteó:
-¿Te enojaste, Tic?
-No, Cuac -responde esta vez imitando al pato en el cual me convirtió por incomprensibles motivos, y casi de un salto cae sobre mí a picotazos.
Un par de minutos entre un año hay ahí, P y nunca más otra sigla, hasta el día en que me des permiso y ponga las cinco letras, las canciones y todo lo demás nuestro, nuestro, conforme insististe en el videochat, dije temiendo maltratar la memoria, necesaria en ese instante y no en este cuando ya no sé si borro el pasado pues el día a día que inauguras es el de la ella con quien jugué al amor como nunca antes ni después, de tan completas las maneras; el de la ella entonces, sigo, mejorada -y he de medir muy mucho las palabras, mujer ahora, porque si renuncié en diciembre de 2008 fue gracias y nada más que gracias, justo, a lo único cercano a cuanto significan los hijos, los nietos y el hermano pequeño, y no se te escapa un gramo de lo que hablo, no a ti, la entendedora de todo en mí, modelo exclusivo tú sí... la rima, ¡mira!, qué importa lo mala, de regreso en homenaje a la bien querida, con la cual sobran los rubores, los excesos que se temen, absurdos entre un par de excesos, desborde tras desborde hasta el infinito, suene como suene la retahíla estilo poeta siglo XIX de la más baja categoría.
¿Vamos a dormir?, debo preguntar porque no miente y no quieres que lo haga el registro de este coso, insomne pareja a quien en tres horas demandará la jornada del niño en la foto, sobre la arena los dos.
-0-
La vejez, tan parecida a la adolescencia... ¿Te convierto en la que no asía mirando por la ventana de mi cuarto a los trece años? 
-0-
Ya llegué, te digo por primera vez entrando al departamentito, pues jamás usamos la formula, niña cosida al pantalón de quien hacia la variedad de papeles que necesitabas, o porque nos intuíamos o te repugnaban las palabras, tontas, simuladoras, y su empeño por una precisión absurda, odiosa para la sólo sentidos y fantasía que eras. 
Anoche dije muchas boberías aquí, no tuvimos tiempo de hablar y las corrijo antes de que espíe sin sentido tu reacción. 
De amor cuanto había entre nosotros aún antes de la tarde en la cual tendiste el puente para la urgencia de los cuerpos-ventana. Eramos las dos pequeñas criaturas extraviadas a quienes el azar reunió. Apenas nos vimos me convertí en tío, padre, abuelo, cómplice, girando a solas con la joven provinciana veinticuatro horas tras veinticuatro horas.
No sé cuánto reproduciré el año que habitaba el yo joven todavía a pesar de los sesenta años. Estos días te pasé fotos mostrando los efectos de la edad y tus comentarios fueron los previsibles. Desesperada por animarme y contra cuanto llevas dentro, ofreciste convertirnos en amantes virtuales y mi respuesta fue también obvia.
Enorme trabajo costó el reconocimiento de la vejez contra la que nos previne y no cometeré el pecado de ensuciar la historia.
Tu viejo. El que cabe en la ya no nueva vida de P y nunca se fue. Somos correos de dos líneas cada media hora y una larga llamada por teléfono hecha casi de puros silencios.
¿Contar cuando no eres más la sombra que lee sino la de dentro de una hora con treinta y ocho minutos en un segundo video chat para el cual no me bañaré ni cambiaré la ropa con que duermo y fui ayer al taller (hace rato acostumbro eso, Tac para variar y aprovechando el regreso del péndulo que hace alto a lo súbito, vuelve hacia atrás y no abandonará más el rincón-cobijo, la mujer de negro sentada está vez en la pesa, siempre con la amable sonrisa). 
En realidad, Inespe, en la viñeta perdida conté sólo una escena: la de tú desde el sillón de rústico cuero y varas decidiéndote a decir de corrido, sin pausa que se prestara al natural equívoco, Te quiero como hombre, luego del largo rato con la mirada sobre mi espalda, común recreo, creí. 
No había música, escuchábamos la tarde, yo con la caricia de tu mirada en mi espalda -tan usual eso, también; lo de mis brazos como ramas y así el resto un tronco, árbol añoso con las hojas bamboleándose en el cabello al viento de la ventana, no lo inventé. Tarareaste una canción improvisada -lo que no tuvieron otros con tu rechazo a la oferta de la gran disquera-, hoy perdida en mi memoria, por increíble que parezca -¿la recuerdas?-, te dio por silbar y quizás debí prevenirme, pájaro. Una breve pausa -qué presente la tengo y la llegada en ella de las risas de nuestros vecinitos (deberías verlos ahora, en tercer y cuarto grado, calculo).
-Te quiero como hombre. 
Por la confusión perdoné la broma. Tu voz prevenía que hablabas de algo muy serio, y mi breve tardanza en responden no fue menos parlanchina. ¿Lo venía esperando inconscientemente y trabajaba para ello? 
Contesté de acuerdo a la etiqueta y al ruego en cuando menos el primer plano de mi interior. 
-Mal entiendo... no lo hagas, por favor, niña... 
Lo esperaba, desde luego. Dos meses y medio compartiéndolo todo, tú con la seguridad de estar sola en el mundo, no importa cuánto de lejos tu madre y hermano te procuraran, y yo ojos absortos por la llegada dos años atrás del prodigioso par llamado nietos, con quienes seguía pasando cada tarde de pe a pa y algunas noches que empezaron a espaciar el hijo y la nuera, previsores. Por la calle siempre el contacto de las pieles, normal según los papeles y tu miedo al exterior: de la mano, del brazo, recargando la cabeza en mi hombro o mis piernas, yo acariciándote el pelo o la espalda o los brazos, un beso si la desazón pasaba los límites usuales.
¿Paro, Tic? Gran exceso decir que no desaparecimos la una para el otro. Ocho años. Para ti, los de encontrar una pareja, ni más ni menos, ni más ni menos, mujer escabulléndose de su especie, que habla con hormigas, caracoles, escarabajos -nuevamente, cuán poco percibió N a la que estaba detrás y me dirigió a su blog-. El mar para ti sola y sobre todo, luego de un monumental brinco por encima del miedo, ese niño a tu vera en la fotografía.
Las tuyas las borré una a una entre el escándalo de lágrimas que duró horas al regresar del aeropuerto. La única viva me sirve para estar seguro de no haberte imaginado. 
La belleza en ti se explica de varias maneras -ella se explica; no hablo de razones. 
Inevitable que el idilio durara de principio a fin en la relación y la trascendiera. Tan poco el tiempo, tan peculiares las circunstancias. 
-0-
Pasa un año y queda claro que escribiré el diario hasta mi muerte. De todo te cuento y no mostraré a otros sino lo poco útil para Última función.
Regresemos al registro que hago. 

II
Fui a la fiesta de cumpleaños de la Dany, que es mi hermanita, mi mamá, mi cómplice. Por eso y por respetar tú domingo, no hubo correos está vez. 
Tu Cuac se volvió un viejo simpático y confiable. En la cabeza toda la tarde-noche, la Tic del pasado y el presente. 
Me preparaste para las mujeres jóvenes como abuelo. De admiración era la cosa, aprendí contigo desde los intercambios antes de que vinieras. Si tenía una práctica muy desarrollada en los cinco varones de mi vida e hice grandes avances con las mujeres cuando lo permitían y aun sin hacerlo, gracias a ti di el salto. 
A los demás les costaba trabajo entenderte. Yo aprendí rápido, ¿no es cierto? El hermano pequeño sirvió de maestro.
No te abandonaré más, cosa. En la soledad andarán los recuerdos y su recreo. En lo demás representaré al mismo de hoy con seis jóvenes incorporándome a sus confesiones y bromas secretas. 
-0-
Cumplo sesenta y ocho y a las 12:02 mandas esto
Te perdono el par de minutos. Aguardé para hacer la vida de regreso contigo, con el pequeñito de tu mano. 
El Circo del Sol me quedó chico para que escucharas cómo intentaba escapar de la pérdida irreparable entre quienes por la edad creerías una compensación.
Cumplí sin falta la regla de no traspasar hacia otra los cuerpos y almas que generosamente se me daban. La alfombra mágica en la cual hacía el viaje eras tú. Sobran las explicaciones pues sabes bien cómo obra el amor en mí.
Canción se llamaba una de la docena que compusiste para este modestísimo hombre. Me vestías de notas y letreros en su camino.
Conoces a la Mal nombrada, de quien en el muro que no me decido a abandonar acabo de bautizar por vez número mil con un Pareja. En las ventanitas abajo una joven trasnochadora se da a la seducción, animada, creo, por el alcohol. Canción me hiciste, cosa, y el resto que quedó basta para la buena fortuna presente.
-0-
Desde luego llamaría, Tic. Ni referencia a la joven, sólo expresar la duda. 
Por la mañana puse fotos de los hijos y los nietos, pues si de amores mayores se trata, como bien sabes ahora. Faltó el registro del hermano pequeño. Sigo vivo de milagro y nadie más tú se da cuenta de cuánto lo necesito cerca a pesar de que moro en él. Sus ojos, Tic, la manera de rascárselos con el dorso de la mano... la sonrisa, el mentón, su piel un poco áspera. 
¿Y tú? Me siento joven hoy y al verte en la pantalla tuve el impulso de ir por ti.
-0-
Pasan los días, charlamos casi a lo telegráfico pues las tareas de ambos se multiplicaron por un momento, sólo por un momento, gracias a San Miliano, como me gusta decir ahora. 
Sin mencionarlos hamacaste los espasmos por el que frente al espejo y las fotos de hijos y nietos fue el último episodio de la aventura que inconscientemente se precipito contigo. En una viñeta contigua, a la cual te asomas, sé y ni caso compartirla en nuestras conversaciones, el poeta que de cuando en cuando leíamos juntos, a quien vi poco antes de tú llegada y de la muerte suya, habló por mí, espero.
Asombroso efecto el de los gritos que eché a diestra y siniestra mientras contemplaba en la pantalla el último cruel retrato de la edad. No más delirios con jóvenes -o viejas, jeje, vaya a ser que sólo cambiara de giro, en pie el negocio de macho, jeje). 
Anoche saqué el demencial plano que hiciste sobre el uso de esta casita en sus rincones. Lo escanearé para ruborizarte y pavonearme y mientras -si en verdad me decido a plantarlo aquí- explico a las pocas docenas que frecuentan la viñeta. 
Entre carcajadas la damita sorprendiome con un:
-Seis en B. 
El par de horas anteriores evité fisgonear lo que hacía con aire secretoso. Era sobre una gigantesca hoja de papel estraza, cuyos bordes escurrían por toda la mesa redonda, jaloneados una y otra vez entre un alegre nerviosismo que ahora en las manos se transmitía luego a los pies.
Imaginativo yo y de una cerril insubordinación ella contra cuanto representara rutina, procurábamos el amor en lugares insospechados.
Al mapeo de esos nichos se había dedicado la Tic, numerándolos y representando las alternativas en cada uno. 
El problema vino después, en el continuo, fatigoso (jeje) espiar dónde no había huella de nuestro trabajo, que en tal parecía convertirse el placer.
(Son cinco y media, cosa, y no me tengo en pie. Tú debes estar despertando para preparar lo que necesita la fantástica existencia por quien la vida se convirtió en un maravilloso viaje inesperado -como tú-. De nuevo olvido que para ti el reloj se retrasa una hora.)
-0-
Anoche de nuevo hubo una silenciosa llamada por teléfono. No estaba convencido si madame Ring, ring volvía a las andadas y atendí al fondo del vacío de voz, pues M solía anunciarse a través de él. Era tan extraño, Tic.
No te conté que por unos días tuve miedo. La llamada no me lo regresó, tal vez porque dimensiono menos mal el asunto.

III
En la siesta tuve un sueño que me obliga a revelar la razón de llamarte P, además de que es tu inicial. Venía también de Plastilina. Ay, Tac, ese primer día como el algo más al cual me decidiste. 
Nos encontrábamos en un viaje de vacaciones entre jóvenes, sin conocernos. Tenías una gran amiga, los demás, hombres, eran parte de mi grupo, debo poner entrecomillas, pues no los reconozco en absoluto. La insinuación estaba en el viento y los colores playeros, en el barullo de un camino vecinal y la casa que ahora identifico: una variación de la primera al volver a la ciudad luego de los provincianos años -te hablé de ella, seguro-, con un anexo al fondo, tras un hermoso patio natural, no con higueras, a la manera del real -el otro real, porque este existe ya por el sueño o estaba en algún rincón interior. 
La atracción no fue inmediata y de hecho cobró forma apenas al coincidir por casualidad, digamos, a solas y a media tarde -eso sí es representativo- en la pequeña vivienda posterior con una hermosa luz de trópico al fondo, remarcando la tibieza de la sombra entre nosotros y la vida exultante todo alrededor, cielo y tierra al servicio de las pequeñas criaturas.
Los cuerpos se juntaban casualmente y los primeros besos en una caprichosa posición podían creerse producto del fácil acceso a los hombres, que dábamos por supuesto -es decir, una P al revés de la conocida por todos-. Tus volúmenes asomaban entre una blusa y una falda larga de sencillo algodón, con el exacto, enloquecedor jugo de tu piel y lo que empezó a descubrirte plastilina -en el sueño y en nuestro departamento. Parecías más bajita de lo que eres y así quizá tu ductilidad se multiplicó. Aunque eso se revelaría minutos después y como consecuencia de lo otro: el incontrolable exudar de la carne y el cuenco interior, idénticos a los tuyos, todo.
La previa decisión de penetrarte sin preservativo copió a la vez aquélla tarde y por ello tuvo el mismo significado, aquí incomprensible pues no había claro presagio de lo que sucedió muy lentamente y fue asombro por el breve tiempo ocupado, sin pausa, mientras no sólo yo sino los dos nos maravillamos de la auténtica plastilina en la cual te convertiste.
Si sabías bien, lo sabían hasta quienes no tuvieron derecho a tu placer, que eras de una flexibilidad apenas concebible, el nivel rebasaba la imaginación, sin separar un milímetro nuestras pieles, ni más ni menos que aquella tarde.
No necesitábamos revolvernos gran cosa, echados en una confusión de sacos para dormir, telas que no venían a cuento allí y sí en el futón azul, sin mueble, transformado en colchón cuando marchaste, que adornabas con pasminas y chales hindúes, los almohadones de artesanía en riego.
Difícil precisar si el sueño aceleró la velocidad de la entrega sin reservas, que se acompañaba con frases similares a las de entonces y una connotación revelada en la cercanía de los otros y su inverosímil descubrimiento de lo que sucedía tomándonos por sorpresa también y antes que nadie a nosotros.
-Nuestra boda.
-Sí -te temblaba la voz.
Ese breve, único diálogo se producía tras tu tercer orgasmo y la inminencia del cuarto, luego de un primero al par de minutos de que iniciáramos los besos y un segundo menos de cinco más tarde.
Tu amiga se acercó para preguntar si estabas bien, el Sí tuyo bastó para que comprendiera y, en el eje de cuanto sucedió, no pudiera creerlo -ella símbolo del exterior de entonces, claro.
A la manera de cualquier parte del cuerpo, no hay dos sexos iguales en la tierra, doble P, y el reto al describirlo es su continua transfiguración. El tuyo a veces se ensanchaba y ahondaba prodigiosamente. Era así por completo vivísima tela sobre paredes que bocetaría de tener una mínima disposición al dibujo.
En el sueño permaneció siempre en el desborde de la carnosidad que hacía de beso, agradecimiento, demanda por no marchar. Las manos de ambos se comportaban con extrema delicadeza, igual que el resto de aquél conmovedor amasijo que éramos. Las tuyas empequeñecían para subrayar tu ternura y no había necesidad, digo a quien mande en esos temas, porque las que tienes, educadas o no por el piano, sobran.
Volvamos a la plasticidad pasmosa incluso para ti o sobre todo para ti, pues fue lo que te rindió: tu rostro no sabía qué decir cuando las piernas, más rellenas que las tuyas, estaban entre tu cabeza, y el cuerpo todo era casi por consecuencia de una blandura inusitada. Un ovillo en la curva del mio, escurriendo y en lentísimo giro o quieto, quieto, incapaz de sustraerse al encanto inexplicable, que la tarde se diría ordenaba. Una de tus manos me acarició el mentón ligeramente para acompañar la mirada, el cuello en un doblez, de niña o madre, a quien le traía aquello más allá de él, asimismo agradecido como el fiel que recibía en cuerpo y alma a su virgen. Mística la hora en la suerte de pesebre, preciso por fin el lugar. 
Un acto tocado por la divinidad, desde luego, piensa el yo que jamás pisó una iglesia. Por ello la amiga trajo un plato de comida y una jarra y los dejó a nuestros pies. (Es tan obvio, Tic: las imágenes mezclaban el recuerdo con estampas de la pintura renacentista.)
SIGUE
X
Viejo amor que reciclamos. También a él.
Pasa año y medio de nuestro recuentro, te desaparecí oficialmente y para llenar tu hueco ante los demás invento tontería y media. Así explico, por ejemplo, el terrible desorden de mis horarios, que siguen guiando nuestros amaneceres juntos por la pantalla
Los hermanitos y hermanitas volvieron esta casa hotel de paso o refugio y no saben cuánto me cuesta cederles el espacio donde te recreo y nos tocamos, así sea a lo lejos.  
A veces les da por ordenar y rompen o hacen perdedizos pequeños objetos cuyo significado desconocen. Sus predecesores destruyeron la mitad de las sillas y hace días un soporte del futón terminó por romperse. Cierto, tampoco sin ellas y ellos sobreviviría. 
-¿Estás triste? -preguntaste el otro día. Era rarísimo que lo hicieras, pues tu intuición atina siempre y economizas palabras sino se trata de juegos.
-Ya me le pierdo por momentos -pensé, un segundo nada más, y te diste cuenta.
-Ay, Tac.
Sonreí, pidiendo perdón en silencio por mi desmemoria. Usabas variantes de una fórmula con que hacíamos cálculos sobre cuánto se inclina la balanza.
-0-
Es sábado, Mario vino tras la reunión que tuvimos, tomó un bañó, compré de cenar para los dos y se fue. 
Mi soledad rescatada te busca enseguida y hay un breve videochat. No estás en el balcón como acostumbras para vernos y sin decir palabra me llevas al piano. Grabo mientras estoy a un paso de ti, contemplándote. Sólo N y yo tenemos ese privilegio.
-Es para la aldea -dices al terminar -y para ti, como todo -agregas sonriendo.  
-0-
Por fin la encuentro y puedo traerla siquiera así: http://www.mojvideo.com/video-bob-dylan-this-dream-of-you/d2153e88fddfb343b8cb
Llegó tarde, cuando te habías marchado y no pudimos conocerla juntos. A solas fue después una terca manera de llamarte.        
SIGUE

     

  

miércoles, 13 de abril de 2016

Inesperada (4)


Si nuestro diario aspira a sobrevivir debe reducirse a su mínima expresión, Tic.
Debo aclarar los enredos que hago aquí y que me sugiere como un tipo ocupado en grandes tareas. Provienen de mis sueños y así no responden a la voluntad. 
Por lo demás no alardeo, recordando cada poco cuán pequeños somos la Inesperada y yo. 
Permitan al viejo que rejuvenece celebrar sus modestas, monumentales conquistas.

Cambio de planes. No se trata de abandonar lo anterior por lo nuevo, sino reunirlos. Lo supe ayer en un parque que las empresas inmobiliarias y la autoridad intentan expropiar a los vecinos. Ni rezando al santo gracias al cual tienen hasta 800% de ganancia conseguirán avanzar. 
Luego vi al monstruo frente a mí: un predio inmenso en una de las zonas más rentables de la ciudad. Harán cincuenta, cien, vaya uno a calcular cuantas lujosas plantas y ya las primeras obras pueden derrumbar los edificios habitacionales alrededor.
Juntemos todo, Cosa: el campo y la ciudad.
Tú viejo no podía más con su alma, catorce horas después de rodar por la ciudad. Ahora planeamos jornadas que por fuerza serán semimprovisadas. Sin percibirlo, la relativa paz que creemos disfrutar aquí es tan frente de guerra como el resto en esta Casa del horror
-0-
Día siguiente.
No hay manera. 
Llaman de muchas partes, todo está por hacer, convenzo muy fácil a otras y otros, vamos juntos y cuando volteo quedé solo y no por traición.
Ando un camino al revés, que probó su justeza, y cada poco topo con pared. Eso de editar silencio es realmente difícil, jeje.
Giro la cabeza en redondo y no veo escape. Nuevo callejón sin salida, pues. Hallaré cómo, a la manera de cien veces antes. 
La libertad estaba
a la vuelta de la esquina.
Pero con la verdad tan lejos,
¿para qué puede servir?

El bromista baila al compás
del canto del ruiseñor.
El pájaro vuela alto
bajo la luz de la luna.

Jokerman.

El sol se pone tan rápido
en el cielo.
Te levantas
y te despides de nadie.


Total, sombra soy y en sombra me convertiré, jeje. Seguirán diciendo que jugué una partida con ellas y ellos y hasta jurarán que nos fuimos juntos a la cama comunal. Si andaba en la azotea, pregúntome yo, cómo hice para vaciar los bolsillos de tal o cual o los míos por generoso gesto. En batita estuve siempre, según recuerdo, hasta hoy y gracias a eso puedo sonreír a la fotografía que vaya a saberse quién toma a mi primer año cumplido.
El que tú y los nietos conocen, Tic, y Él, el Nuevo y nadie más, quizás fuera de Juan.
Ahora pondré -no te rías, Cosa; obsesiones son obsesiones... 
-0-
Bastaron unas horas para el formal desaparecer. Nadie me buscará más. Se siente raro al principio, como siempre.
(Sigue riéndote con la música que escojo, jeje.) 
Ahora a buscar a quienes debo. No será fácil que me acepten. Ni modo, comenzaré de cero. Bien acostumbrado estoy. 
La comodidad es un socorrido truco para el desamor, díjele a la joven aquí junto. También sirve para desentenderte de lo que es mucho más que compromiso. 
Aun así continuaré haciendo mis tareas. Las sombras reverberan, ¿sabes, Cosa? Al esfumarse, sus ondas producen un vacío y no es justo que otros paguen por ello. 
-0-
Para N:

-0-
A ratos esto parece mi diario. Es la forma de contarte lo que evitamos en nuestras charlas. 
Suena el Dylan justamente receloso con internet. 
De tarde y por soberana voluntad me comprometí a un nuevo proyecto ligado a los que quiero dejar. Hay buenas y malas razones. Ni muy, muy, ni tan, tan, pensé autocomplaciente mientras hablaba ante quienes decidieron resistir y así se suman a muchos más. Al nuevo camino le falta trabajo todavía. ¿Conseguiré abrirlo?


No dijiste nada de mis ojeras pero los ojos te delataron. Alambrista se llamaba la primer canción que nos hiciste, luego famosa con otro título. En ese tiempo había apuestas sobre cuándo caería cada uno por su cuenta, o juntos si conocían o intuían nuestra historia. Qué poca sabiduría alrededor. Oficio es oficio, y naturaleza, naturaleza. 
Al poco de tu marcha una amiga dijo Lo esperaba, la ilusión se gasto, ¿verdad? Le respondí recordando tu llanto en el aeropuerto. 
-No seas necio, Cuac... Te equivocas... Si eso sucede, entonces... Un año más, para probarte... ¡Tonto...! ¡Te odio...! ¡Deja tus rollos de abuelo...! ¡"La libertad duele." Estúpido...
Dije muchas tonterías, cierto. Mi mejor argumento tardaría en llegar: N.
-0-
Los Tic días no conducen, están. ¿Qué lección aprende N de eso? ¿La aldea mágica es su futuro? Hay en ella siglos o milenios. ¿El pequeño se volverá compositor y laudero, entonces, haciendo un camino a la inversa, hacia atrás?
Callas y yo evito preguntar. Contemplo. Nadie conoce los secretos del mar, dices sin palabras. O de la tierra y su reunión. ¿Cómo explicarme el estero? Con tus paseos. Abres la espesura para que entienda cuánta riqueza hay en una aparente simple mancha vegetal. Luego diriges mi vista al agua que te baña los pies y la cabeza bien erguida me descubre el viento, su siseo trayendo historias quién sabe de cuán lejos. Ritmo y más ritmo, multitudes. Déjate llevar, pides en silencio; enloquecerás si tu locura no rima con la suya.
-0-
Nada hago a ocultas de P, quien no lee otras viñetas porque sabe cómo es su Cuac, hermano o hijo a ratos.
Aborrece las redes sociales, esa Tic, y sabe cuánto cabe en una criatura, por pequeñita que sea, como yo.
A cambio de su desentendimiento ahora, cuando se fue siguió cuidadosamente mis blogs, preocupada por el hombre que quedaba en la soledad absoluta.
Le costó un enorme trabajo curar su sensación de desamparo y hablábamos por teléfono o nos mandábamos correos varias veces cada día. 
Bien presente tengo la tarde en que probó cuán justa fue mi terquedad. 
-Voy a ensayar con ellos, Cuac -dijo y la voz campanilleaba.          
Hoy pareces muy madura. Tal vez lo fuiste siempre. Nuestros silencios compartidos se dirían certámenes de oratoria, jeje. En verdad sobran las palabras que aquí sirven para dejar constancia a quienes amamos. 
Juntos casi no las hay o se usan en broma. 
¿Puedo poner esto? Sabes que viene de mi primera adolescencia.
Hace mucho una mujer con quien iniciaba relaciones preguntó si me sentía incómodo, por mi largo silencio. Y era todo lo contrario. Cuando llega la auténtica dicha, y no felicidad ni alegría, como bien dice la Mal nombrada, callo, le aclaré rompiendo el mágico momento.
Nuestro último encuentro en físico pasamos horas sin hablar. Los sentidos eran más que suficientes, y tampoco nos tocábamos.
Hoy solté la lengua de más, como acostumbro, y tengo cruda por ello, como acostumbro.
-0-
Doy pasitos rumbo adonde quiero, Clown, y el domingo y por pocos días estaré en el Sur.
¿Por qué trato de creer que hago algo interesante?
Sé lo que piensas y por respeto guardas, sobre mis empeños.
-0-
No abandonaré a mis hermanitas y hermanitos. Si hay viaje tendrá que ser con ellos. 
-0-
Esa mujer, P (me refiero a quien compuso la canción):
Resumo:
Hay estaciones, a la manera de la tierra o una carretera, dicen aquí y allá. Respeto el pensamiento inmemorial y le pido permiso para andar como quiera. ¿Cumplir etapas o grandes tareas? Sé y no de qué me hablan. Revuelvo todo, esa es mi gracia. Camino hacia dentro y atrás, editando silencio. Nadie lo hizo mejor o peor, Malditos aparte, desde luego, y confirmo: soy más joven que a los veinte, cuando todo estaba perdido. Tengo la eternidad y vivo en el día tras ella.
¿Verdad, Tic?   
-0-
Pasan dos semanas y regreso del "Sur, geografía profunda", según dijo hace tiempo un amigo.
Te conté muy poco en estos días, Clown.
Las cosas salieron mejor de lo pensado y tengo un pie bien asentado donde debo. Falta el segundo.
Tiene que ser sin las hermanitas y hermanitos. De una gran apuesta a solas, hablo, para quienes hay que, claro. Tú y los nietos, única compañía. Tentaciones y más tentaciones alrededor, buenas y aun así... 
¿Se puede?
Apenas bajar del avión, un telefonazo como gran muestra de cariño desviando el camino. Perdí dos días. Ay, Tic, cuánto te necesito. A ti y al mundo que creaste.
No alteraré tan buena foto.
El yo de antes agradece ese perfecto lugar y la docena y media de jóvenes en la casita luego, hasta hoy.
Cierto, también durante el viaje tuve que echar mano del payaso. Sólo eso, aprovecharlo y por un momento.
No más. 

Lo pienso un poco, Cosa, y quizá sólo tengo un pendiente, porque del resto se encargará el buen país: tú y S y E. 
¿Me recibes?
-0-
Hoy el video chat inició con la vista del escritorio junto al piano. Era tu respuesta a mi demanda, diciéndome al paso Siempre estuvo aquí y seguirá semiabandonado pues no puedes vivir sin los sueños que te hacen, así esta mañana pienses en renunciar, Cuac.
-0-
Dos días después le anuncio mi viaje y suelta unas lágrimas que no son de felicidad. Su viejo mantendrá el compromiso, sabe, con dolor. No puede más, cualquiera lo nota, y en el puro no de hoy se prepara a acunarlo.
-Te quiero cuando la dicha revolotea y también al quebrarte -dice, siempre sin palabras.  
Me ha visto derruido y si el hombre que así recibe es doblemente suyo, se pierde para los dos. 
Entonces mi sueño aquél está de cabeza.
No, Cuac, sé que estás bien, sólo dudas porque el paso no es fácil. De todas formas el escritorio te necesita siempre, escribe.
Luego reímos por teléfono jugando con la necesidad del escritorio y no de ella.
¿Será que todo lo hago por ti, Tic, para crear el imposible y obligarnos a un extra en las demostraciones?
¿Cómo nos quisimos al marcharte? ¿A la manera del sueño? No, responderás, pues separarnos fue decisión tuya. 
(No selecciono las canciones. Pasan directo desde nuestra sala, una de ellas, porque ahora tenemos dos.)
-0-
Extendiendo el viaje pude ir a verlos. Sólo una noche. Te necesito siempre y aun así... 
Mi Inesper, subrayado.
Esta semana regresaré también por unas horas.
Cómo me acoges. Por fuerza el viejo se siente muy joven, y de su exacta edad a la vez. Estar donde y según debo, dije hace un rato por ahí. Contigo es todo tan natural. 
Quizá un día andaré en silla de ruedas. Si lo hago encontrarás la exacta manera para conducirme, "garantizado".
Esta tarde sobre nuestra primera cama te recordé, horas, entre el perfume de la segunda, que seguía en mi ropa.
-0-
Lo mejor empieza en 2:50, ¿recuerdas? Después



Llego a tu casa mañana, marcho pasado y volveré el jueves por la noche.
Lo que importa anda bien en apariencia y no es del todo así. Bueno, ya no sé cuánto. 
Abrí el camino y eso es un enorme paso. ¿Debo dejar el resto atrás? 
Hay algo frívolo en mi comportamiento, o caprichoso o acomodaticio.
Sigo hablando de mí y la Tic prepara la fiesta de su aldea. 
-0-
No queda más tiempo que para la tristeza y la ira, acabo de decir. 
Eso allá, donde no estás, P. Lo nuestro es la melancolía.  
-0-
Pasan los días, nos hablamos por aquí y por allá y el diario queda abandonado.
La Tic tiene nuevas canciones, que no le convencen, dice. Van a más de un lado, con ellas sobrevive económicamente y no termina de gustarle la idea. O no del todo, pues es imposible imaginarla haciendo algo que desprecie. 
En cualquier caso la música en su aldea compensa lo demás.
Es un pueblo dirigido por mujeres y los hombre hacen de lauderos y tocan en otras partes. De eso sale el complemento para una economía que se basaba en la pesca y ahora apenas la practica, combinada con pequeñas milpas y un poco de artesanía.
Viven en el estero desde dos siglos atrás y antes vinieron de otro, al norte. Hay algo de gitano entre esa gente que echa suertes. La llamo mágica no por capricho.
-0-
Mi Tic:
-0-
Hablar de amor aburre cuando el idilio es permanente. Por eso, creo, cuento mis días, ásperos en comparación. 
¿Exagero? 
Nuestro primer tiempo juntos abultaba en heridas y desencuentros, es verdad, y también que venían del exterior o de las historias personales. Ni pequeñas disputas hubo entre nosotros, Tic.
Como dos animalitos nos refugiábamos uno en el otro.  


Hoy nos ayuda la distancia y podría no hacerlo.
-0-
Que en la aldea preguntaron por tu pato, dices, jeje.
-0-
Te conté mi viaje con Juan a "casi Memphis, Tenneessee", Tic. Empezó por Nueva York, que conocía más o menos bien. Todo es San Juan de Letrán, le dije a mi guía espiritual para espantarnos el miedo, y apenas dejar las maletas en el Chelsea Hotel corrimos a Broodway y la Séptima. 
Ante nuestro asombro existía realmente el bar de un álbum de Dr. John ¡y él estaba ahí!, con su solitaria alma, los meseros y sacadólares y media docena de parroquianos. 
Lo saludamos sin acercarnos y echó una mirada, un escupitajo y una frase: No han sufrido suficiente.   
Si nos acompañaras, Inesper, la escena se habría repetido. A qué discutir. Lo suyo era el blues.
Tú cantas otras cosas y de dolor sabes cuando menos el doble que él.
-0-
De imposibles lo nuestro, finalmente, por eso su aire conmovedor. Ocho años queriéndonos y sabemos que la reunión no se hizo para nosotros, así haya un tiempo Tic-Cuac de muchos día tras día y a ratos duermas en mi cama, te abrace en tu balcón y apenas haya hora sin saber uno del otro. 
Casi por regla suspendo el relato de momentos juntos o que te contienen, como los sueños. El mejor de éstos glorificaba la imposibilidad que por acumulación se vence. 
(A la 1:15 pm escucho tu nueva canción. Hiciste un enorme esfuerzo en el volumen de la voz para no despertar a N y por ello alcanzó rincones insospechados. Sin palabras, y las tuyas, dirigidas al hombre sombra jugando con su sonoridad, hipnóticas. 
(El infantil coro: Tic, tac/ tú nos inventaste, Cuac. No pongo a Beth Hart por casualidad, ¿cierto?)
-0-
Se hace noche otra vez y tu viejo estuvo con quienes retan a los Malditos. El cerco de fuerzas públicas impresiona más que nunca.
¿Dramatizo si al ver uno por uno y una a esos miles pregunto cuál caerá primero, herido, preso, quizá algo peor? 
En tus rumbos no hay esta clase de guerra, Cosa. ¿La imaginas, acostumbrada a la otra, que concibo sólo relativamente cuando te visito? 
Las canciones románticas sirven para toda clase de amor. El blues, recordamos un segundo aquí arriba, existe porque trasuda trágicos siglos colectivos. Ella o él en sus canciones pueden ser Pedros o Marías con los amos encima. 
Mi más antiguo conocido sigue sin aparecer. ¿Es la edad quien se lleva el miedo? ¿Con los años morir se volvió una idea fija?
En un chat:
Jueves. J D: Ya que se arme. Yo: Sí, a los putazos
Viernes. J D: Ay, nanita, se viene la grande. Yo: ¿Pa dónde corremos jjjjjjjjjj   
En cualquier caso cántenos, Beth, sabremos entender. Después toca de vuelta a P. (Obsesiva tu canción en la casita.)
-0-
Voy terminando los cuadernos, Tic. ¿Qué haré con ellos? Nada. Si algo valen llegarán hasta E y S. ¿Y nuestro diario? 
Estamos cerca de donde nos encontraba aquél sueño. Hago la mochila y en cualquier momento te presentarás diciendo Vamos, ante mi asombro. ¿Me quieres desde los quince años? No, tenías veinte y yo... Entregué un acta de nacimiento para tramitar algo. La fecha era correcta y como reprobé matemáticas me sobra creerme adolescente. 
-0-
Es martes y quien lea mis cuadernos se extrañará de que el exilio me tiente otra vez. Tú no, Tic.
Exilio como simultánea ida y regreso. Encuentro el camino y lo extravío. Es cuestión de sombras. Grito para que se me abran las puertas. Cuando lo hacen estoy bajo reflectores, claro, y me odio. 
-0-
Sólo sé que el sol brillaba en esa primavera de 2008.
-0-
Desperté temprano, si tomas en cuenta mis hábitos, Tic, para ir con quienes sostienen el futuro -busco fórmulas como esta, evitando nombrar, y me vuelvo más alambicado que de costumbre-, y corro aquí, como otros días a tal o cual cuaderno, siquiera un momento.
Salir a la calle sin escribir tiene algo de tortuoso y ahora esto poco sabe a nada. Faltan quince minutos y estaré incómodo hasta que pueda sentarme por ahí con pluma y papel. Viejo y desde siempre pendiendo de sensaciones, mi sistema nervioso y no sólo la cabeza, según suelen decir, son un alboroto en busca de palabras.   

Regreso doce horas después, duermo lo que se supone es una siesta, despierto de madrugada y van las notas:
¿El día fue seleccionar y cargar libros con la encargada del campamento, o morir de amor por las tres maestras y el maestro que todo me contaban, o subirse al Metro hecho pomada y que una joven me cediera el asiento y yo por vergüenza no lo aceptara, o no parar de botanear en Azcapo o descubrir de nuevo que no se puede con la vejez, o repasar la interminable lista de tareas, o alucinar por el desorden que es mi departamentito, o no parar de comer cosas ricas, o, o, o?
Confirmo: parece imposible parar al magisterio. Es lo que se ve y lo mucho detrás: décadas de lucha, de intimísima relación con las comunidades, una geografía ideal para la resistencia, los avances en un proyecto no sólo educativo sino de nueva sociedad.
En la red social, Crhis sube unas fotos. Son de muy mala calidad pero no mienten: estoy hecho un palo. ¿Por qué los espejos se comportan tan noblemente conmigo y me enamora el cabello que amarillea, brillante, el sano cutis y los ojos amielados y vivos?
Éramos tú y yo
sentados contra un manzano
al final del verano
Éramos diecisiete años
celebrábamos, bien apretados...
Dice la canción recordando mi sueño y la tuya, mucho mejor. 
Vuelvo a otra.
Todo debería ser el país promesa cuyos gritos comparto y veme, Cosa, pensando tonterías. Dejémonos a solas en la pista.








Bailando despacio.
El de la foto pregunta si lo quieres, Tic, jeje.
No tengo batería suficiente para cumplir los impulsos, estoy rebasado por primera vez desde la gran huelga aquélla y recordándola tengo miedo. Su mensaje fue clarísimo: Haz sólo lo que puedas. 
Entonces vengo aquí y leo con vergüenza. Borraré esta entrega del diario.