miércoles, 13 de abril de 2016

Inesperada (4)


Si nuestro diario aspira a sobrevivir debe reducirse a su mínima expresión, Tic.
Debo aclarar los enredos que hago aquí y que me sugiere como un tipo ocupado en grandes tareas. Provienen de mis sueños y así no responden a la voluntad. 
Por lo demás no alardeo, recordando cada poco cuán pequeños somos la Inesperada y yo. 
Permitan al viejo que rejuvenece celebrar sus modestas, monumentales conquistas.

Cambio de planes. No se trata de abandonar lo anterior por lo nuevo, sino reunirlos. Lo supe ayer en un parque que las empresas inmobiliarias y la autoridad intentan expropiar a los vecinos. Ni rezando al santo gracias al cual tienen hasta 800% de ganancia conseguirán avanzar. 
Luego vi al monstruo frente a mí: un predio inmenso en una de las zonas más rentables de la ciudad. Harán cincuenta, cien, vaya uno a calcular cuantas lujosas plantas y ya las primeras obras pueden derrumbar los edificios habitacionales alrededor.
Juntemos todo, Cosa: el campo y la ciudad.
Tú viejo no podía más con su alma, catorce horas después de rodar por la ciudad. Ahora planeamos jornadas que por fuerza serán semimprovisadas. Sin percibirlo, la relativa paz que creemos disfrutar aquí es tan frente de guerra como el resto en esta Casa del horror
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Día siguiente.
No hay manera. 
Llaman de muchas partes, todo está por hacer, convenzo muy fácil a otras y otros, vamos juntos y cuando volteo quedé solo y no por traición.
Ando un camino al revés, que probó su justeza, y cada poco topo con pared. Eso de editar silencio es realmente difícil, jeje.
Giro la cabeza en redondo y no veo escape. Nuevo callejón sin salida, pues. Hallaré cómo, a la manera de cien veces antes. 
La libertad estaba
a la vuelta de la esquina.
Pero con la verdad tan lejos,
¿para qué puede servir?

El bromista baila al compás
del canto del ruiseñor.
El pájaro vuela alto
bajo la luz de la luna.

Jokerman.

El sol se pone tan rápido
en el cielo.
Te levantas
y te despides de nadie.


Total, sombra soy y en sombra me convertiré, jeje. Seguirán diciendo que jugué una partida con ellas y ellos y hasta jurarán que nos fuimos juntos a la cama comunal. Si andaba en la azotea, pregúntome yo, cómo hice para vaciar los bolsillos de tal o cual o los míos por generoso gesto. En batita estuve siempre, según recuerdo, hasta hoy y gracias a eso puedo sonreír a la fotografía que vaya a saberse quién toma a mi primer año cumplido.
El que tú y los nietos conocen, Tic, y Él, el Nuevo y nadie más, quizás fuera de Juan.
Ahora pondré -no te rías, Cosa; obsesiones son obsesiones... 
-0-
Bastaron unas horas para el formal desaparecer. Nadie me buscará más. Se siente raro al principio, como siempre.
(Sigue riéndote con la música que escojo, jeje.) 
Ahora a buscar a quienes debo. No será fácil que me acepten. Ni modo, comenzaré de cero. Bien acostumbrado estoy. 
La comodidad es un socorrido truco para el desamor, díjele a la joven aquí junto. También sirve para desentenderte de lo que es mucho más que compromiso. 
Aun así continuaré haciendo mis tareas. Las sombras reverberan, ¿sabes, Cosa? Al esfumarse, sus ondas producen un vacío y no es justo que otros paguen por ello. 
-0-
Para N:

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A ratos esto parece mi diario. Es la forma de contarte lo que evitamos en nuestras charlas. 
Suena el Dylan justamente receloso con internet. 
De tarde y por soberana voluntad me comprometí a un nuevo proyecto ligado a los que quiero dejar. Hay buenas y malas razones. Ni muy, muy, ni tan, tan, pensé autocomplaciente mientras hablaba ante quienes decidieron resistir y así se suman a muchos más. Al nuevo camino le falta trabajo todavía. ¿Conseguiré abrirlo?


No dijiste nada de mis ojeras pero los ojos te delataron. Alambrista se llamaba la primer canción que nos hiciste, luego famosa con otro título. En ese tiempo había apuestas sobre cuándo caería cada uno por su cuenta, o juntos si conocían o intuían nuestra historia. Qué poca sabiduría alrededor. Oficio es oficio, y naturaleza, naturaleza. 
Al poco de tu marcha una amiga dijo Lo esperaba, la ilusión se gasto, ¿verdad? Le respondí recordando tu llanto en el aeropuerto. 
-No seas necio, Cuac... Te equivocas... Si eso sucede, entonces... Un año más, para probarte... ¡Tonto...! ¡Te odio...! ¡Deja tus rollos de abuelo...! ¡"La libertad duele." Estúpido...
Dije muchas tonterías, cierto. Mi mejor argumento tardaría en llegar: N.
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Los Tic días no conducen, están. ¿Qué lección aprende N de eso? ¿La aldea mágica es su futuro? Hay en ella siglos o milenios. ¿El pequeño se volverá compositor y laudero, entonces, haciendo un camino a la inversa, hacia atrás?
Callas y yo evito preguntar. Contemplo. Nadie conoce los secretos del mar, dices sin palabras. O de la tierra y su reunión. ¿Cómo explicarme el estero? Con tus paseos. Abres la espesura para que entienda cuánta riqueza hay en una aparente simple mancha vegetal. Luego diriges mi vista al agua que te baña los pies y la cabeza bien erguida me descubre el viento, su siseo trayendo historias quién sabe de cuán lejos. Ritmo y más ritmo, multitudes. Déjate llevar, pides en silencio; enloquecerás si tu locura no rima con la suya.
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Nada hago a ocultas de P, quien no lee otras viñetas porque sabe cómo es su Cuac, hermano o hijo a ratos.
Aborrece las redes sociales, esa Tic, y sabe cuánto cabe en una criatura, por pequeñita que sea, como yo.
A cambio de su desentendimiento ahora, cuando se fue siguió cuidadosamente mis blogs, preocupada por el hombre que quedaba en la soledad absoluta.
Le costó un enorme trabajo curar su sensación de desamparo y hablábamos por teléfono o nos mandábamos correos varias veces cada día. 
Bien presente tengo la tarde en que probó cuán justa fue mi terquedad. 
-Voy a ensayar con ellos, Cuac -dijo y la voz campanilleaba.          
Hoy pareces muy madura. Tal vez lo fuiste siempre. Nuestros silencios compartidos se dirían certámenes de oratoria, jeje. En verdad sobran las palabras que aquí sirven para dejar constancia a quienes amamos. 
Juntos casi no las hay o se usan en broma. 
¿Puedo poner esto? Sabes que viene de mi primera adolescencia.
Hace mucho una mujer con quien iniciaba relaciones preguntó si me sentía incómodo, por mi largo silencio. Y era todo lo contrario. Cuando llega la auténtica dicha, y no felicidad ni alegría, como bien dice la Mal nombrada, callo, le aclaré rompiendo el mágico momento.
Nuestro último encuentro en físico pasamos horas sin hablar. Los sentidos eran más que suficientes, y tampoco nos tocábamos.
Hoy solté la lengua de más, como acostumbro, y tengo cruda por ello, como acostumbro.
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Doy pasitos rumbo adonde quiero, Clown, y el domingo y por pocos días estaré en el Sur.
¿Por qué trato de creer que hago algo interesante?
Sé lo que piensas y por respeto guardas, sobre mis empeños.
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No abandonaré a mis hermanitas y hermanitos. Si hay viaje tendrá que ser con ellos. 
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Esa mujer, P (me refiero a quien compuso la canción):
Resumo:
Hay estaciones, a la manera de la tierra o una carretera, dicen aquí y allá. Respeto el pensamiento inmemorial y le pido permiso para andar como quiera. ¿Cumplir etapas o grandes tareas? Sé y no de qué me hablan. Revuelvo todo, esa es mi gracia. Camino hacia dentro y atrás, editando silencio. Nadie lo hizo mejor o peor, Malditos aparte, desde luego, y confirmo: soy más joven que a los veinte, cuando todo estaba perdido. Tengo la eternidad y vivo en el día tras ella.
¿Verdad, Tic?   
-0-
Pasan dos semanas y regreso del "Sur, geografía profunda", según dijo hace tiempo un amigo.
Te conté muy poco en estos días, Clown.
Las cosas salieron mejor de lo pensado y tengo un pie bien asentado donde debo. Falta el segundo.
Tiene que ser sin las hermanitas y hermanitos. De una gran apuesta a solas, hablo, para quienes hay que, claro. Tú y los nietos, única compañía. Tentaciones y más tentaciones alrededor, buenas y aun así... 
¿Se puede?
Apenas bajar del avión, un telefonazo como gran muestra de cariño desviando el camino. Perdí dos días. Ay, Tic, cuánto te necesito. A ti y al mundo que creaste.
No alteraré tan buena foto.
El yo de antes agradece ese perfecto lugar y la docena y media de jóvenes en la casita luego, hasta hoy.
Cierto, también durante el viaje tuve que echar mano del payaso. Sólo eso, aprovecharlo y por un momento.
No más. 

Lo pienso un poco, Cosa, y quizá sólo tengo un pendiente, porque del resto se encargará el buen país: tú y S y E. 
¿Me recibes?
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Hoy el video chat inició con la vista del escritorio junto al piano. Era tu respuesta a mi demanda, diciéndome al paso Siempre estuvo aquí y seguirá semiabandonado pues no puedes vivir sin los sueños que te hacen, así esta mañana pienses en renunciar, Cuac.
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Dos días después le anuncio mi viaje y suelta unas lágrimas que no son de felicidad. Su viejo mantendrá el compromiso, sabe, con dolor. No puede más, cualquiera lo nota, y en el puro no de hoy se prepara a acunarlo.
-Te quiero cuando la dicha revolotea y también al quebrarte -dice, siempre sin palabras.  
Me ha visto derruido y si el hombre que así recibe es doblemente suyo, se pierde para los dos. 
Entonces mi sueño aquél está de cabeza.
No, Cuac, sé que estás bien, sólo dudas porque el paso no es fácil. De todas formas el escritorio te necesita siempre, escribe.
Luego reímos por teléfono jugando con la necesidad del escritorio y no de ella.
¿Será que todo lo hago por ti, Tic, para crear el imposible y obligarnos a un extra en las demostraciones?
¿Cómo nos quisimos al marcharte? ¿A la manera del sueño? No, responderás, pues separarnos fue decisión tuya. 
(No selecciono las canciones. Pasan directo desde nuestra sala, una de ellas, porque ahora tenemos dos.)
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Extendiendo el viaje pude ir a verlos. Sólo una noche. Te necesito siempre y aun así... 
Mi Inesper, subrayado.
Esta semana regresaré también por unas horas.
Cómo me acoges. Por fuerza el viejo se siente muy joven, y de su exacta edad a la vez. Estar donde y según debo, dije hace un rato por ahí. Contigo es todo tan natural. 
Quizá un día andaré en silla de ruedas. Si lo hago encontrarás la exacta manera para conducirme, "garantizado".
Esta tarde sobre nuestra primera cama te recordé, horas, entre el perfume de la segunda, que seguía en mi ropa.
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Lo mejor empieza en 2:50, ¿recuerdas? Después



Llego a tu casa mañana, marcho pasado y volveré el jueves por la noche.
Lo que importa anda bien en apariencia y no es del todo así. Bueno, ya no sé cuánto. 
Abrí el camino y eso es un enorme paso. ¿Debo dejar el resto atrás? 
Hay algo frívolo en mi comportamiento, o caprichoso o acomodaticio.
Sigo hablando de mí y la Tic prepara la fiesta de su aldea. 
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No queda más tiempo que para la tristeza y la ira, acabo de decir. 
Eso allá, donde no estás, P. Lo nuestro es la melancolía.  
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Pasan los días, nos hablamos por aquí y por allá y el diario queda abandonado.
La Tic tiene nuevas canciones, que no le convencen, dice. Van a más de un lado, con ellas sobrevive económicamente y no termina de gustarle la idea. O no del todo, pues es imposible imaginarla haciendo algo que desprecie. 
En cualquier caso la música en su aldea compensa lo demás.
Es un pueblo dirigido por mujeres y los hombre hacen de lauderos y tocan en otras partes. De eso sale el complemento para una economía que se basaba en la pesca y ahora apenas la practica, combinada con pequeñas milpas y un poco de artesanía.
Viven en el estero desde dos siglos atrás y antes vinieron de otro, al norte. Hay algo de gitano entre esa gente que echa suertes. La llamo mágica no por capricho.
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Mi Tic:
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Hablar de amor aburre cuando el idilio es permanente. Por eso, creo, cuento mis días, ásperos en comparación. 
¿Exagero? 
Nuestro primer tiempo juntos abultaba en heridas y desencuentros, es verdad, y también que venían del exterior o de las historias personales. Ni pequeñas disputas hubo entre nosotros, Tic.
Como dos animalitos nos refugiábamos uno en el otro.  


Hoy nos ayuda la distancia y podría no hacerlo.
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Que en la aldea preguntaron por tu pato, dices, jeje.
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Te conté mi viaje con Juan a "casi Memphis, Tenneessee", Tic. Empezó por Nueva York, que conocía más o menos bien. Todo es San Juan de Letrán, le dije a mi guía espiritual para espantarnos el miedo, y apenas dejar las maletas en el Chelsea Hotel corrimos a Broodway y la Séptima. 
Ante nuestro asombro existía realmente el bar de un álbum de Dr. John ¡y él estaba ahí!, con su solitaria alma, los meseros y sacadólares y media docena de parroquianos. 
Lo saludamos sin acercarnos y echó una mirada, un escupitajo y una frase: No han sufrido suficiente.   
Si nos acompañaras, Inesper, la escena se habría repetido. A qué discutir. Lo suyo era el blues.
Tú cantas otras cosas y de dolor sabes cuando menos el doble que él.
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De imposibles lo nuestro, finalmente, por eso su aire conmovedor. Ocho años queriéndonos y sabemos que la reunión no se hizo para nosotros, así haya un tiempo Tic-Cuac de muchos día tras día y a ratos duermas en mi cama, te abrace en tu balcón y apenas haya hora sin saber uno del otro. 
Casi por regla suspendo el relato de momentos juntos o que te contienen, como los sueños. El mejor de éstos glorificaba la imposibilidad que por acumulación se vence. 
(A la 1:15 pm escucho tu nueva canción. Hiciste un enorme esfuerzo en el volumen de la voz para no despertar a N y por ello alcanzó rincones insospechados. Sin palabras, y las tuyas, dirigidas al hombre sombra jugando con su sonoridad, hipnóticas. 
(El infantil coro: Tic, tac/ tú nos inventaste, Cuac. No pongo a Beth Hart por casualidad, ¿cierto?)
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Se hace noche otra vez y tu viejo estuvo con quienes retan a los Malditos. El cerco de fuerzas públicas impresiona más que nunca.
¿Dramatizo si al ver uno por uno y una a esos miles pregunto cuál caerá primero, herido, preso, quizá algo peor? 
En tus rumbos no hay esta clase de guerra, Cosa. ¿La imaginas, acostumbrada a la otra, que concibo sólo relativamente cuando te visito? 
Las canciones románticas sirven para toda clase de amor. El blues, recordamos un segundo aquí arriba, existe porque trasuda trágicos siglos colectivos. Ella o él en sus canciones pueden ser Pedros o Marías con los amos encima. 
Mi más antiguo conocido sigue sin aparecer. ¿Es la edad quien se lleva el miedo? ¿Con los años morir se volvió una idea fija?
En un chat:
Jueves. J D: Ya que se arme. Yo: Sí, a los putazos
Viernes. J D: Ay, nanita, se viene la grande. Yo: ¿Pa dónde corremos jjjjjjjjjj   
En cualquier caso cántenos, Beth, sabremos entender. Después toca de vuelta a P. (Obsesiva tu canción en la casita.)
-0-
Voy terminando los cuadernos, Tic. ¿Qué haré con ellos? Nada. Si algo valen llegarán hasta E y S. ¿Y nuestro diario? 
Estamos cerca de donde nos encontraba aquél sueño. Hago la mochila y en cualquier momento te presentarás diciendo Vamos, ante mi asombro. ¿Me quieres desde los quince años? No, tenías veinte y yo... Entregué un acta de nacimiento para tramitar algo. La fecha era correcta y como reprobé matemáticas me sobra creerme adolescente. 
-0-
Es martes y quien lea mis cuadernos se extrañará de que el exilio me tiente otra vez. Tú no, Tic.
Exilio como simultánea ida y regreso. Encuentro el camino y lo extravío. Es cuestión de sombras. Grito para que se me abran las puertas. Cuando lo hacen estoy bajo reflectores, claro, y me odio. 
-0-
Sólo sé que el sol brillaba en esa primavera de 2008.
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Desperté temprano, si tomas en cuenta mis hábitos, Tic, para ir con quienes sostienen el futuro -busco fórmulas como esta, evitando nombrar, y me vuelvo más alambicado que de costumbre-, y corro aquí, como otros días a tal o cual cuaderno, siquiera un momento.
Salir a la calle sin escribir tiene algo de tortuoso y ahora esto poco sabe a nada. Faltan quince minutos y estaré incómodo hasta que pueda sentarme por ahí con pluma y papel. Viejo y desde siempre pendiendo de sensaciones, mi sistema nervioso y no sólo la cabeza, según suelen decir, son un alboroto en busca de palabras.   

Regreso doce horas después, duermo lo que se supone es una siesta, despierto de madrugada y van las notas:
¿El día fue seleccionar y cargar libros con la encargada del campamento, o morir de amor por las tres maestras y el maestro que todo me contaban, o subirse al Metro hecho pomada y que una joven me cediera el asiento y yo por vergüenza no lo aceptara, o no parar de botanear en Azcapo o descubrir de nuevo que no se puede con la vejez, o repasar la interminable lista de tareas, o alucinar por el desorden que es mi departamentito, o no parar de comer cosas ricas, o, o, o?
Confirmo: parece imposible parar al magisterio. Es lo que se ve y lo mucho detrás: décadas de lucha, de intimísima relación con las comunidades, una geografía ideal para la resistencia, los avances en un proyecto no sólo educativo sino de nueva sociedad.
En la red social, Crhis sube unas fotos. Son de muy mala calidad pero no mienten: estoy hecho un palo. ¿Por qué los espejos se comportan tan noblemente conmigo y me enamora el cabello que amarillea, brillante, el sano cutis y los ojos amielados y vivos?
Éramos tú y yo
sentados contra un manzano
al final del verano
Éramos diecisiete años
celebrábamos, bien apretados...
Dice la canción recordando mi sueño y la tuya, mucho mejor. 
Vuelvo a otra.
Todo debería ser el país promesa cuyos gritos comparto y veme, Cosa, pensando tonterías. Dejémonos a solas en la pista.








Bailando despacio.
El de la foto pregunta si lo quieres, Tic, jeje.
No tengo batería suficiente para cumplir los impulsos, estoy rebasado por primera vez desde la gran huelga aquélla y recordándola tengo miedo. Su mensaje fue clarísimo: Haz sólo lo que puedas. 
Entonces vengo aquí y leo con vergüenza. Borraré esta entrega del diario.   
  
       
   


           

lunes, 14 de marzo de 2016

Mal Nombrada 2

Perdonará, mi Brown, pero con usted los diarios (cumplidor uno, jeje) virtuales o en carne y hueso (no insista, Tera: el coso es puro músculo; sepa con quién rola usted pa sus guarradas, jeje) me salen de poca, así que otra vez (neta no tiene llenadero, ¿eh?) vuelvo a las andadas (nos salen muy bien esos: caminando). 

miércoles, 2 de marzo de 2016

Inesperada 3

Hasta aquí llega nuestro diario, Tic. Excepto fragmentos queda fuera de los cuadernos. ¿Lo verán un día N y S y E?
Para los demás sigo jugando a las escondidas contigo, Tic. ¿Existes?, ¿estabas y no volvió a saberse de ti? Parecieras muchas o ninguna y eres tan tú.
Mis nietos preguntaron cuándo te verían.
-No se puede -respondí sin aclararles bien a bien las razones.
Hoy vuelves aquí después de meses porque necesitamos un registro, así me regañen por mentir nuevamente.
-Díselos sin tapujos -recomendaron la hermanita y la Mal nombrada, refiriéndose a quienes merecen explicaciones por mis fugas
Tampoco ellas saben gran cosa. El requisito para dos sombras es que pasen inadvertidas o dejen apenas su sensación.
Ahora alguien leerá, claro, y volveré a lo mismo: sin fantasías no puedo vivir. Y de cierta manera es verdad.
-¿Cómo van tus amores? -preguntó Mica hace un momento. Lo dice por las viñetas que pesca al paso. 
-¿Cuáles? Llevo mucho retirado. Puras palabras, jeje.
Hay una foto de Betty Blue que podrían habérnosla tomado. 
Los rostros nos recogen bien, ¿no crees?
Todavía debo el retrato de nuestra intimidad sexual vieja y esa poquita nueva que permite la distancia y mi angustia. Nada se le iguala en ningún caso, insisto, y menos tratándose de criaturas como nosotros, con tanto miedo. 
¿Presumo? ¿De qué podríamos? 
¿Por qué no me atrevo, entonces? ¿Por el maltrato que dan a la sexualidad? Me tiene sin cuidado.
(Pasa la pequeña ráfaga de visitantes inevitables al publicar, Cosa. Menos mal.)
Presumo de estar casado con Manuela y jamás me masturbé pensando en P. Cuando mis sueños te traen a lo místico-carnal el placer es incomparable por eso mismo, lo sobrentendido: ¿cómo medirlo con otro?, las substancias se desconocen entre sí, se excluyen, se repelen.
¿Magnificó?
Olvidé el número correspondiente al hueco del escritorio. La trabe baja dificulta que un cuerpo entre y habíamos dos. Bien llamada Plasti encontrabas curiosos acomodos. Nos recordábamos niños, sin precocidad, hurgando nichos y ya. Ni más ni menos, ni más ni menos. Nuestra destreza para volver en el tiempo, que cada quien adquirió por aparte, traía atmósferas irrecuperables, suele pensarse, o reinventadas, cómo asegurar.   
Voy a la cama, mi señito, que en unas horas debo hacer trámites.
¿Te soñaré?, a la manera de aquí, jeje. 
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Viniste sola en navidades y hace un mes pasé con ustedes el poquito tiempo que se puede. 
Intento tender una mano hacia el norte y todo me conduce al sur, como en la canción -¿La conoces?, preguntaste; Era mi preferida de niño.
Por ti postergaré el viaje con que prometí desaparecer rumbo allí. Cuando lo haga será en sentido contrario. No habrá sino pueblo Tic. Por eso guardo su nombre hasta para los nietos o principalmente para ellos, pues el romántico abuelo quiere dejarles de herencia un halo aventurero. ¿Y a P y N? Lo mismo, así que al final cumpliré. Todo, en caso de sobrevivir el apocalipsis, jeje y no jeje en absoluto.
(Horas más tarde: 
(Me rindo, Cosa. Cuanto hago preparándome para eso con las hermanitas y hermanitos se bambolea. Bueno, el edificio nació sin cimientos y creció como Dios le dio a entender: un muro de sostén acá, un plafón bien decorado por toda planta luego... con decirte que llegando al quinto piso echamos en falta el tercero y alguien dijo No, importa, es número de mala suerte, y nadie se atrevió a contradecirlo. Demasiada derrota social para este cuerpecito, reclamo y la carcajada en el espejo no para a pesar de mis gritos.
(¿Me das refugio unos días, P, dice el pretextoso, jeje?)
Vuelvo a lo nuestro (con más razón ahora). 


Mi sueño más placentero contigo lo recreo despierto, con personajes transfigurados que traducen el otro delirio. Ninguno de los dos tiene edad precisa y tocas la puerta cuando me preparo a marchar. 
-Voy contigo -dices sin más.
No entiendo. Tu vida está muy hecha, lejos del destino que preparé y comienza. La cabeza me da vueltas, cree percibir algo y lo aparta mientras reordenas mi mochila y la tuya descansa junto a ella.
Entonces el cuarto se dibuja. Hay quebraduras en las paredes y objetos fuera de sitio. No te aburriré con los porqués, ocurrencias aptas sólo para revolucionarios extraviados. 
Sin pormenores la historia se viene al suelo y en su recomposición me detengo una o más veces sobre aspectos secundarios a primera vista. Inicia con el ciclo escolar dentro de un edificio que yo conozco y tú descubres. 
Ese muchacho un año mayor y mucho menos maduro que tú, te atrae por su celebración a la vida. Día y hora no son casuales: corresponden al tejido que hacía la Princesita. 
Sigo después, Cosa, que falta poco para que salga el camión. Sí, no olvido las llaves. Menuda necia, jeje.
-0-
Veo unas fotos que tomaron esta mañana. Soy un teporocho, un clochard, un homless. Ay, P, cuánta vergüenza y cuando voy a encontrarte.
En fin, es una vieja historia, ¿verdad? Debería haberme acostumbrado y renunciar a que se me crea respetable.
¿Y si me quedo a vivir con ustedes?

-0-
El autobús hizo una parada intermedia, corrí al espejo del baño y sucedió como en mi casa: no había teporocho. Los espejos confabulan y llegando a tu pueblo se repite la escena y puedo ir tranquilo. 
Las llaves, ¿dónde carajo quedaron?, jeje.
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N tiene un cariñoso, responsable padre. Es por eso y no que sólo a ratos P aparece tal cual en las fotos.
-0- 
10:49 pm y lavas los trastes porque a mí me quedan fatales -trucazo que tengo hecho con eso, jeje.
Tu cuerpo se balancea muy poco y la cadencia es muy rica -quién habrá inventado el pero que no sirve para nada, jeje-, canturreando en silencio. ¿Qué canción es? Deja, adivino. 

No hablaremos del asunto presumiendo que atiné.
Por el balcón abierto la brisa trae mi niñez del costado contrario en este mismo mar. ¿Cómo puedo vivir sin ella, gruesa, húmeda, con un aroma penetrante, por completo otra a la que me vio nacer y me acompaña todos los días?
Te inclina el vestido, lo deja caer y grita a su borracha manera: 
-Eres un estúpido. Queda aquí lo no mucho por delante. Mírala y siénteme. 
Efímera, no entiende eso que la arena y los tamarindos le dictan. 
(Siempre escribo para quienes me conocen, queda clarísimo otra vez. No sé narrar ni lo intento y se volvió una gracia hacerlo.)
En mi casa no paras de cantar, Tic, y aquí callas para que se escuche el coro del océano contra la playa. Tu tarareo entonces es interior. Todo, por plazos, aclaremos. A ratos lo haces hacia afuera, de dos formas: una, sincopada, contrastante, y otra en respeto al ritmo y la armonía que mudan según la marea, el viento y sus caprichos. Hay también momentos en que te sirve de sinfónica, jeje.
El río es otra cosa y en la aldea mágica tu voz tiene una dulzura que sólo a ti oí. Mutuo encanto. 
(Si no sé narrar probemos con la prosa lírica, jeje. Oh, no, tampoco me sale, jeje.)

Más regalitos para N.
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De ti, para ti, por ti
No salí de mi ciudad, ¿verdad, madre y no niña ya?, y valió la pena creerlo dos horas por día en este rincón hecho para nosotros.
Es un diario y algo más. Al recordar nuestro año juntos se presta a mi memoria toda y por momentos sirve a los dichosos cuadernos. Si escribiéndote te compusiera daríamos juntos un gran paso.
Me conoces como nadie, incluidos los hijos, que no necesitan información biográfica para saberme, y yo, demasiado próximo a mí, excepto en los detalles sobre el conflicto con la buena sociedad, formada también por quienes son mis pares de origen.
¿Por qué tocar ese tema? Bueno, hay razones, pero -jeje- escuchando lo que escuchamos... 
Enamorados del amor. No nos engañamos, P: la entrega sin reservas era también o sobre todo por lo que el otro nos reflejaba.  
Haz trampa, llámame y no dejes que marche. Prometo morir cuando el país demande, jeje. Bastará salir a la calle gritando cualquier estupidez. Total, mis empresas colectivas tienen muy poco servicio para cuando ¡Bruuum!
¿En dos años estaré en condiciones de irme adonde planeo? El sueño no era tan disparatado: con cambiar las posiciones entre los dos dentro del cuarto quizá se materializará. 
Increíble que contigo me apene mi apariencia. 
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Vamos en Semana Santa, dice el correo que acabas de mandar, Chiquitita.
El cursi yo llora.
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Pasan días y voy con los nietos. Aprenden a tocar. (Él toma la foto que celebra el fabuloso, temible lugar próximo a este y recuerdo una nota de diez años atrás: Living, leaving Facebook.)
Bien construido nuestro amor resiste las ausencias, así duren meses o años. Como contigo. Seguramente hoy quedaría hecho una piltrafa si jugamos futbol o batallas campales. Entienden. También tú. Caminaré con bastón y los tres sabrán la mejor forma de encontrarme. 
¿No digo que me iré? A veces no quiero. ¿Morir sobre una cama? Qué importa.
¿Seguro la eternidad está fuera de nuestro alcance? ¿En verdad se fugó el instante? Míralo danzar por la cornisa.
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Madrugada de miércoles y el edificio se viene abajo. Bastó soplarle. Me quedaré con sus ruinas, preparándome de una buena vez para marchar.
Momento ideal si afirmo que viajo hacia adentro. Editaré silencio, dije en broma a Sofi y la Mal nombrada hablando de un programa. Así será. 
Faltan dos semanas para ir brevemente al sur, al lejano si las distancias se miden en propósitos. ¿Cómo crear puentes (Estudia ingeniería como yo, pa, dice el Nuevo, jeje)?
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Estás todo el día: cuando venía en metrobús entrada la noche, al ir por cigarros de mañana, mientras tecleo. A veces cantas, a veces te me encaramas, a veces eres una talla que el viento azota, cabello y falda en enredos y la mirada que se extravía.
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Intenté irme de la red social y no pude porque olvidé mi contraseña. Me tienta y, jeje:
No es que las cosas anden mal, es que con Balestrini "queremos todo" y este es el mañana que dura "la eternidad y un día" (¿verdad, don Theo?)
https://www.google.com.mx/webhp?sourceid=chrome-instant&ion=1&espv=2&ie=UTF-8#q=queremos+todo+pdf     
Sí que quiero todo, Tic. Cada una y uno lo merece. Es cuestión de atrevimiento.
Hoy Oscar leía su poesía en la universidad y de tener a mano los cuadernos, sin excusas habría tomado el micrófono. Después a lo mío otra vez, bromeando con la banda.
Quitando eso el día fue puro desperdicio, y no estamos para lujos.
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Hace semanas nuevamente te di por inexistida. Mis tontos juegos. En adelante bastará con no notificar el diario.
No faltamos a la diaria cita, entre una y otra van y vienen llamadas o mensajes y continúan también los correos como cartas, que acompañarán lo que decidamos dejar a nuestros pequeños amores.
Escucho esto, Cosa.

Cuando la Niña me regaló el disco pasé días casi sin hablar con ella, quien seguro hacía como yo, entre estos cincuenta metros cuadrados: darse a la nostalgia. 
No es una canción para recordarte sino por su atmósfera. Evocaba otra que escuché mucho cuando te fuiste. 
Luego fue la imposible de traer aquí:
Cuánto tiempo puedo quedarme 
en este café en la nada, antes de que la noche se convierta en día 
Me pregunto por qué me preocupa tanto la madrugada 
Todo lo que tengo y todo lo que sé 
es este sueño de ti, que me mantiene vivo (This Dream of You)
Ayer escribí a una joven aquí. Nunca pides explicaciones y las doy ahora: ella me buscó y no por mí. Le interesa el supuesto trato cercano que tengo con un personaje de mediana celebridad. Al animarla a escribir en un blog terminé el intercambio. 
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La vieja idea de marchar es cada vez más un despropósito. Hoy tuve otro mareo e incumplí mis tareas. ¿Me imaginas aventurándome en esas circunstancias? 
Preparo entonces una alternativa que permitiría estar cerca de los nietos y de ti. 
El hombre con prisa no mira el reloj. Hace tiempo sabe que la hora marcada se adelanta, escribí por aquí y recordé luego las palabras de un gran tipo: Cuanto más viejo, más libre, y cuanto más libre más radical (...) Uno ha perdido la paciencia, no está dispuesto a aguantar(1).
Acabo de decírselo a la joven, como despedida. ¿Me gasto inútilmente con cosas así?
Cuando desperté había un mensaje de la Mal nombrada:
El Don duerme profundamente, de vez en vez su respiración pelea hasta ser. El silencio es un mito. Llevo hora y media sentada en la cama de las historias esperando a Estela, pinche cambio de horario, quiero dormir, quiero saber qué sueña Belarmino mientras duerme y quiero que veamos facto lo que soñamos despiertxs. También quiero ir al baño, una chela y un hombre desnudo para cuando Belar despierte me diga que me odia porque él está casado con la buena Manu y me pregunte "¿pasa?" y yo diga "seee, como un dios, pero..." y luego hablemos de tooooodo lo que nos falta hacer, de todo lo inmenso y mierda que es el mundo, de las posibilidades y lo probable, de toda la chamba que nos queda, ajustada como vestido perfecto, triste como vestido hermoso y barato que se deslava a la primera lluvia, ojalá no, ojalá se vaya hecho girones con el viento y alguien más, muchxs más, se hagan/hagamos con él pañuelos de despedida, que sea el único equipaje... mientras tanto, iré por mi chela, pa' darle al hoy con la fuerza que va quedando...
¿Cómo dejar ese extraordinariamente vital, cálido mundo que construí con otras y otros?
No lo haré. ¿Y entonces? Yo y mis tontos secretos.
Vieras ayer al Gus batirse en regla de nuevo con nuestros improvisados aparatos, y a Mario impotente, ayudándolo. Y hoy a Jesús, que estuvo cerca de morir por un accidente, arrastrándose hacia donde no pude. Y a Ernestina y a Fanny, a Nadia con los suyos... y alrededor el hermoso rosario que componen mujeres y hombres de todas las edades.
Esta vez preguntas lo en ti inusual ¿Comiste, Cuac?, y pides que vaya unos días con ustedes, cuando acaban de irse.
Quiero ser eterno, insisto. El instante más miserable vale un cielo, si alguien no lo patea sobre tu cabeza, desde luego. 
Nunca te oculté nada, sin faltar el llanto. Tampoco ahora. Sabes que no clama y me sana.
-0-
La tropa vino a dejar lo que usó en diez días de cafetería semifracasada. Esas tres son una gran cosa y al marcharse gritan para el vecindario:
-¡Coges como Dios, B!
-¡Eres un amante maravilloso!
Jeje.  
-0-
Para despertar, Cosa.
-0-
Por temor al mareo sigo haciendo lo menos posible. Aproveché para ver la evolución del salario en el país: bajó cuarenta y cuatro por ciento en treinta años. 
Gano mucho menos que nunca y ¡pertenezco al tercero de diez grupos empezando por arriba! Mi ingreso es cuarenta por ciento mayor que el promedio profesional. Y nuestras clases medias modestas votan por los poderosos y públicamente se pavonean.
Es comprensible y aun así provoca vómito.
-0-
No puede haber una buena canción de amor desgarrado. Esas cosas se guardan dentro. Su aire sirve para reposar el dolor endulzándolo. Dolor siempre soportable, por lo demás, ¿verdad, P? De eso sólo saben la muerte y el hambre.
A pesar de todo, va:
No me odies, voy a regresar a tus gustos musicales.
Ya hablamos de los mareos, tema olvidado, digo adelatándome al teléfono que no alcancé a tiempo. Ahora sí.
No recuerdo un enojo entre nosotros. Te le acercaste cuando me ingresé a solas en el hospital para operarme. Tu Cuac morirá por ahí del 2300, si se aburre, como advertí antes.
Qué redomado flojo soy. Duermo y renuncio a la calle con cualquier pretexto. Bueno, tú tampoco lo haces mal, jeje.
-0-
Dos horas después estoy absolutamente convencido: el país estallará para bien en 2018. 
Espera, Plasti, escojo algo para festejarlo. 
Repitamos un juego de N. En "canon" jjj (sí, no me regañes, jjj).

¿Y si le sumamos al amado?


Este Cuac hizo un esfuerzo y cuando viniste sus músculos habían mejorado. Así no tuve miedo de acercarme y reposamos como antes. Siempre morosos, atrapando luces y sugerencias, el tiempo se contagia. Nuestros manos tardan eternidades en recorrer al otro y las bocas y los sexos buscan con paciencia y esmero. Tus películas internas son un mapa que puedo dibujar con detalle y sus liquideces... 
Paro. Había puesto generosas y variantes, y eso no dice nada. Debo contar bien. 
La demora es un rasgo común a los dos. Nuestras borracheras duran una tarde, una mañana, una noche, enteras, o el día todo o varios, conforme a las circunstancias. Vamos traguito tras traguito. Sólo por momentos el vaso se precipita de golpe y no coincide necesariamente con las culminaciones, que en ambos tendrían que llevar otro nombre. 
Tú te bañas casi sin pausa, yo goteo. En ti hay temblores que en mi se descubren por los ojos y la voz. Bueno, el rostro es muy platicador siempre, en todas y todos, y también la piel y la carne, que te ganó el apodo. 
Con el sexo mío no resulta fácil apreciar bien a bien como se transfigura el tuyo y me ayudo con la memoria de los dedos y el metafosearse de la boca. A veces se ahonda y engrosa inconcebiblemente. Limpísimas paredes allí, de telas delgadas y resbalosas, excepto donde debe y se abulta y engrosa guardando el gran secreto que descubrimos juntos: la Tic es una mujer fuente.     
-0-
Fracasé, debo decirlo así, en singular, Tic. Soy un encantador de serpientes al que el truco se le pudre. 
Por fortuna lo hice donde y cuando no hay nada que perder. 
Costará convertirse en manso cordero mientras me dirijo al lugar correcto. 
Para N, Cosita.


-0-
4:17 am y despierto de la siesta. Los enamorados tenemos horarios muy raros, jeje.
No fracasé. Creía hacerlo y doblé la apuesta. Finalmente sólo me estoy preparando.
-0-
Verte cada día a tus 5 y mis 6 am es un amanecer. El balcón al mar, la Tic y su canturreo en la hamaca o la mecedora, a un lado esa sillita para N. 
Durante unos minutos estás de espaldas y no hay palabras, diciéndome: 
-Despiertas, deje la cama y por el aire grueso, pegajoso, que huele a sal, me buscas donde sabes estaré regresándote tu niñez. Por ti, yo, mujer de montañas, descubrí cuán placido y sobrecogedor es el océano, y recompensándote sembré tamarindos. ¿Bajamos para meter los pies en la arena que amas?
-0-
En aquél sueño plácido contemplabas al muchachito que alborotando el recreo escolar te introducía la duda. De ahí el encanto. 
Tardarías años en confesar cuán a punto estuviste de proponerme noviazgo. La Princesita y su coro se adelantaron. Ambas inaccesibles, no habría dudado, pues me enamoré apenas descubrí tu mirada.
Clásica historia de imposibilidad, tu madre nos la descubriría por teléfono esa noche en el sueño. 
-¿Por qué te alegraste tanto cuando te dije que iba a casarme?
-Creí que lo harías con B y al fin echarías a un lado el mandato que tu padre sembró en ti.  
-¿Casarse conmigo, M? -pregunté asombrado pues tenía muy claro: la mujer por quien estaba dispuesto a todo me quería como un ser entrañable desde que nos conocimos, y no posible compañero amoroso, vacilante, sin futuro, pendiendo de los problemas sociales.
-Esa noche -continuó M en el sueño- te descubrí llorando, X (pues representación, llevabas un nombre distinto, igual que tu aspecto, maduro, sin edad precisa).
Cuando la Princesita me asesinó lamiste mis heridas a pesar de los reclamos de quien tenía derecho a hacerlo y al comprobar cuán incapaz era para levantarme, te entregaste sin reservas. 
Pensé que nada nos separaría. El momento recreado en otro sueño, ¿recuerdas?, se parecía mucho a nuestros días juntos en ese culminante y a los que construimos piel contra piel. 
Te marchaste sin advertencias. 
-Por miedo -dices dentro del irreal cuarto donde arreglas mi mochila, y lloras.  
¿Sin ruptura y dolor no hay pasión? Sí, en tanto se introyecta cuanto desde fuera nos hace. Somos sufrimiento por naturaleza y voluntad, y el idilio, conquista.
Perdona la boba disquisición, Tic. Regreso a tu llanto por el supuesto tiempo perdido. Suena a una novela muy famosa. ¿Malgastó los años el protagonista o vivió intensamente gracias a la espera? En todo caso nosotros nunca nos alejamos mucho. O no lo hicimos en absoluto, pendientes uno del otro. Si fue así nuestras vidas se fugaban, le preocupa al sueño, que hace alto para observar la cuestión, de vida o muerte. 
-0-  
(A 4:05 el clip, Tic.)


¿Sobreviviría sin ti? ¿La dependencia también es amor? En el sueño ese no hay. Abandonar todo por acompañarme a una factible muerte sí que suena a genuino. ¿No lo harías antes de que N naciera o cuando vuele solo? ¿No me arriesgué a morir haciéndote marchar, como meses atrás huyendo de los nietos y primero, años hacía, de los hijos?
Un día preguntó la Mal nombrada si eras mi invento. Le respondí que daba igual. ¿En el sueño se te puede tocar? 
Mañana no habrá videochat, P, porque tu flojo viejo saltará desde temprano de un lugar a otro y necesita por entero su poquita energía.
(A estas alturas llevo hora y media con esa segunda parte de la canción.)
-0-
Noche de domingo en la red social, Cosa:
9:10 pm
Se hizo lo que se pudo y fuera del incumplimiento final, chidísimo, rantabilísimo día
9:17
Privilegio todo para este viejo que está seguro de vivir mil años. El par de comadritas que me busqué son de otro planeta. A la Tera ya no sé cómo nombrarla, de ahí su apodo. ¿Que arriesgaría la vida si se lo pido? Cincho, e idem al revés. Cada noche prendo la veladora para que se cumplan sus guarradas y jamás pasa por mi cabeza el deseo carnal cuando estoy con ella  
Después me atrevo a compartir nuestro diario. P.  
1:58 am
Sin variar, de ocho a diez pm soy un megamamón y de 1am en adelante un pobre hombre pidiendo perdón
La canción sigue. No puedo pedirte que te metas en mis brazos pues soy pequeñito y sí hacernos un enredo indescifrable. 
El sueño se acerca más a la realidad que la realidad.
-0-
Tu nueva canción en mi correo. Ay, Tic. Desaparecer, se llama.
En la red social:
Grabo viñetas de los cuadernos para el Emi, el Sebas y quien quiera escucharlas. No me importa si leo mal y la voz cuenta muchas cosas por sí sola. Estoy entregando la herencia. En el adelante hay una nueva historia y así soy libre de vuelta. "Muerto a los casi 69" dice la esquela justo cuando me presento al registro civil para dar fe de mi nacimiento.
Por primera vez en mucho tiempo comparto allí una viñeta etiquetándola, como dicen, a once personas. Sólo seis la dan por recibida. ¿A cuántos les interesa lo que escribo?, ¿diez, veinte? Incluso para mí es demasiada indolencia ante el trabajo ajeno. En modestia se me pasó la mano, jeje, y debo agradecérmelo, finalmente. Así queda confirmado: soy sombra, no importa si en donde me pare convenzo de los más descabellados planes, jeje, y tenga muchas hermanitas y hermanitos.
Detrás, tu canción. Como si lo presagiaras le das a mi barquita el aliento para echarse al nuevo río. Te tomaré de la mano, dice y no sigo con la letra, y menos con la grabación, claro, por los usuales motivos.
El año pasado escribí un libro, ¿recuerdas? Cumplió su cometido sirviendo para ochenta o noventa presentaciones de un tema delicadísimo. Se agotó dos veces y jamás volveré a citarlo.
Ahora vienen dos reeditados. Me resistí cuanto pude y en menos que cante un gallo, prometo, no se sabrá más de ellos. Todo está por hacer.
Esta semana toca ayudar a los compadritos del norponiente. Es la segunda despedida. Así seguiré hasta agosto. Veintidós adioses en cuatro meses, jeje.
-0-  
Martes, ni te cases ni te embarques, era el dicho, así que no insistas, Tic: no habrá boda hoy, jeje.
Rabiaba el sol al amanecer por tu balcón y su iridiscencia hacía perdedizo al mar. 
Fantasmagórica P avanzando desde un fractura del tiempo eras silueta. Entonces el piano.
Meses atrás por una vez flaqueaste:
-Te puedo jubilar, Cuac, para que escribas. 
-¿Y La casa del horror? -estuve a punto de contestar. Entonces el piano.
Ayer hice un nuevo show a las puertas del insoportable tren suburbano. Su policía privada pretendía que me levantara del suelo donde esperaba. No pudieron detenerme para llevar a un dirigente magisterial.  
Regresé con tres jóvenes a quienes había escuchado impecables exposiciones sobre nuestro monstruo en la educación. Como ya no estoy, el camino se hizo incómodo para los cuatro. Hoy toca ir otra vez a ese norponiente de los hermanitos, ahora acompañando a quien les hablará de una cara distinta del monstruo. ¿Hago nuevamente mi graciosada, jeje?  
  





lunes, 22 de febrero de 2016

Grito y la ¿Me perdonas?


Grito
2014

Noche del mexicano grito y al Barrio, como llamo a mi cuenta depurada en FB a lo largo de nueve años para no vérmelas con la parte del país que desprecio, lo pone furibundo la fecha reglamentaria y está casi vacío.
David: en Neza los cohetes son K 47
Dany:¡Vivan los hoteles de Tlalpan! Ahhh no vea…
Yo estoy alelado con la canción que buenas razones trajeron hoy.
Pregunto a la Dany en el hotel de paso en Tlalpan, si su grito no fue mera oportunidad para una de las geniales declaraciones que acostumbra:
¿La conoce, Ña?
Dany: Obvi
La Itzel y yo aprovechamos para bromear:
Foto que una agradecida carnalita nos acaba de tomar
Itzel: Jajajajaj! Yeha!!!
Yo: ¿La chocamos como usted le hace?
Itzel: Jajajajaja ta güeno! ¿Tons qué? Chichocamos nalga?
Yo: Nomás con cuidadito, me vaya a botar casa la chingada jjjjjjjj
Igual que la gran mayoría de nuestra docena de cuadras, no volteamos a mirar el deprimente circo de la plaza mayor, donde el antiguo rito lo cumple el monigote del que se sirve el criminal proyecto en el poder desde diciembre de 2012.
Entonces alguien sube esto:
¿Argelia en los 1950s?, pregunto para los demás, y para mí: ¿En verdad están cagados de miedo? Sí, de sí mismos, de lo que están preparados a hacer a la menor provocación.
Justo diez días después el país da el brutal salto en la nada que puede conducirlo a la nueva utopía.
Entre un dolor y una esperanza que no conocía, en noviembre el azar me lleva por primera vez a Cuba y encuentro la más espléndida experiencia imaginable en promoción de cultura comunitaria.
El alimento a los sueños es tal que rindo a la ¿Me perdonas?, según la llamaré pronto: la mujer de otro país por quien suspiro desde un año atrás. Lo hago al modo de un viejo en procura de una hermosísima joven imposible, se diría, y para un amor platónico que repentinamente anuncia pasar a algo más: el día siete, fin del encuentro en el cual coincidimos. Los organizadores nos premian con la música de uno de los mil geniales grupos cubanos
Cuando la canción termina, la joven dice la frase que la bautiza: 
-¿Me perdonas?
-¿Prometes? -respondo y mirándonos fijo no sabemos qué nos espera.
Entonces alguien se acerca con la noticia, falsa sabremos luego: encontraron los restos calcinados de los 43.
No hay rincón que alivie y la hermosísima me encuentra en uno de ellos.
-Anda, vamos a bailar y juntos la pena…
No escucho el final de la frase y por la mañana del seductor queda sólo el recuerdo.
La revolución y el amor son un mismo, indisoluble acto, rezan muchas justas frases, que por momentos no bastan.

Julio César Mondragón Fontes, el estudiante de Ayotzinapa cuyo cuerpo, desollado en vida, se arrojó en una calle de Iguala tras la desaparición de los 43. El grito hoy es tuyo. Te prometemos no perdonar. 

La ¿Me perdonas?
A L, la ¿Me perdonas?, la encontré un año atrás, queda dicho y no aclaro cómo. 
Ser luminoso, la llamó antes un amigo. No conocía la historia cuando nos vimos durante un encuentro continental. Había muchas irresistibles mujeres allí y mi mirada se posó solo en ella. 
Delgada, blanca de piel contra mis gustos, tenía una elegancia natural acusada por las ropas que como artesana confeccionaba para sí misma. 
Los organizadores del encuentro prepararon un baile y coincidí con ella en la mesa. Nadie se decidía a empezar el desfogue de esa semana atravesada por ideas nuevas y nos atrevimos a poner el ejemplo. 
Nuestros cuerpos en movimiento parecían conocerse y se emborrachaban. Lo demás también, en mi caso y no en el suyo, obviamente. Debimos seguir así y no era justo pues media docena de compañeras al lado hacían un silencioso reclamo, sin otros hombres a mano. 
Nunca renunciaré a la apuesta por componer canciones de carne y hueso y L quedo en mi obsesionada cabeza. Cuánto agradecí encontrarla un año después. 
Apenas desempecado en La Habana para un nuevo evento, vi un cuerpo cuya espalda me pareció gloriosa. Era de ella y apenas nos reunimos en la mesa común se lo dije al amparo de mi edad. 
De noche nuestro pequeño grupo se reunió en el patio. Mi a veces agotadora vena cómica renunció lo necesario para concentrarme en la belleza aquella: su parado, la forma de sentarse o estirarse, el contraste entre su aire abstraído y su espléndida sonrisa, el durazno de la piel.
-No sé en qué manera, será "mía" -pensé dispuesto a casi cuanto fuera, incluido el ridículo, desde luego. 
Al día siguiente nos separamos en equipos y la increíble experiencia de cultura comunitaria que conocí borró el delirio. 
Regresé con una nieta cubana adquirida y según avanzábamos por la carretera le compartí mí locura, que volvía a velocidad de vértigo. Imposible detener a la tormenta de veinte años cuando en el hotel compartió cuarto con L. 
No había pasado un cuarto de hora y la jovencita entró a mi habitación. 
-Dice que eres un hombre muy interesante. 
La futura ¿Me perdonas? sabía ya con entero detalle cuán demencial era mi gusto por ella.
Paracaidista en vuelo libre animado por el súbito arrojarme del avión, no me había sentado para la colectiva comida al soltar: 
-No sé si te avisé: nos casaremos a las siete. 
Creí que se ahogaba con el trozo de pollo cruzando por su garganta, entre las risas que celebraban el momento.
-¿Ah, sí? -respondió semi recompuesta. 
-Y no te preocupes. Como soy un anciano, seguro no llego a la noche de bodas. 
-No, así no -se sumó al juego.
Nos retiramos a nuestras respectivas tareas y al cenar rompió una regla no escrita: dejar libres las cabeceras.
-Son las ocho y no vi nada de boda -dijo ante las miradas cruzando la mesa.
-Se hizo en ausencia tuya, por interpósita persona.
-¿De veras? 
-Cambié de cuarto para que tengan su alcoba nupcial -dijo la nieta, entonces enamorada de mi roomie, quien protestó.
-Creo que lo dejamos para mañana -propuse a L. 
-Sí, creo que sí. 
Mañana fue cuando se ganó el apodo y nos mal informaron sobre los 43+5. 
Ciertamente el conquistador desapareció en ese instante, y yo todo, los dos días que podrían completar la obra, y dieron conmigo sólo para avisarme que irían a bailar otra vez. Había esperado el juntarse de nuestros cuerpos en movimiento y renunciaba a una segunda oportunidad... ¿para qué? A saberse. Canciones son canciones.
Quise dormir, no pude y escribí para L la mejor carta de mi vida. Poniendo punto final tocaron puerta. 
-Si Dios existe -pensé en un despropósito para un ateo de tres generaciones- es la ¿Me perdonas?  
Y sí. Al empezar a aclararme los motivos, la detuve.
-Deja que lea lo que escribí para ti.
Pobre, ahí, en una silla, a la escucha de tormentosas declaraciones que no deseaba, sin saber cómo retribuirlas.  
Terminé, trató de explicar otra vez, ahora la situación sentimental que atravesaba. Le pedí no hacerlo, pues no había demanda en mi carta, nos levantamos a un tiempo, volví a agradecerle sin palabras las sandalias que emparejaban nuestras alturas.
¿Recibiría compensación? ¿Inmejorable remate para la historia o su ruína?
-¿Vamos al bar? -propuse y no sé si dudó en dar las gracias. De otra manera habría terminado componiéndole la canción, ¿no?, y a tal cursilería ni por el personaje femenino de París, Texas. 
Luego, ¿no soy cursi al vivir y contar a L -y las demás mujeres en estos cuadernos-? Sí, claro.
Todos y todas necesitamos necesitamos una épica personal, creo; hasta quienes no pareciera, ¿verdad, James Kelley? -¿recuerdan a este hombre, E y S?-. Y como no conquistamos Persia, estupidez soberbia, según probé por aquí, asaltamos corazones, y sino pregunten a Alonso Quijano -¿también a su escudero, Teresa?; Claro, responde Molley Mahoney y no aquélla a quien dieron apenas un diálogo en ciento treinta y cuatro capítulos.
Se mire por donde se mire, tengo una edad quijotesca y mi molino de viento en Cuba fue rendido según mandan las reglas de caballería. Desde luego la ¿Me perdonas? no puede compararse con la Sad Eyed Lady of The Lowlands, y estaba lejísimos de emular a Suzanne, si permiten que cambie de músico predilecto, nietos.  
Ya estamos nuevamente en Ellas (Sigue a Calzada).
-0-
Aclaro: quienes invitaban a esos eventos tenían muy poco aprecio por mí. Fui porque nadie más en el espacio al cual pertenezco estaba interesado en asistir. 
Las ideas eran nuevas para mí y ya hace tiempo más o menos maduradas por sud y centroaméricanos.
No sé a quién agradecer la oportunidad. Imagino que a los pueblos donde nacieron -ideas y procesos.
Por eso L y yo no volvimos a encontrarnos. ¿Menos mal? ¿Me habría apenado mi comportamiento en La Habana? Nel. Para canciones carnales solo este viejo. Aquella, desde luego, rematada, sería cosa del pasado.
Intercambiamos correos y ni por asomos a ninguno se le ocurrió escribir al otro.
En cuanto a la genial nieta, incumplí mi promesa para ayudarla. Perdón. Te recuerdo con una foto:
Así eres: la que vive de cabeza, jeje.
-0-
En conclusión, sólo el viejo poema importa:
“Al fin de la batalla, 
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre 
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!» 
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 

“Se le acercaron dos y repitiéronle: 
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!» 
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 

“Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil, 
clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!» 
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 

“Le rodearon millones de individuos, 
con un ruego común: «¡Quédate hermano!» 
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 

“Entonces todos los hombres de la tierra 
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado; 
incorporóse lentamente, 
abrazó al primer hombre; echóse a andar...

César Vallejo.

Nos juntaremos, es una promesa, Julio César Mondragón. No habrá Dulcineas capaces de detenernos. Aquí no se trata de novelas.